sábado, 4 de julio de 2009

San Juan María Bautista Vianney "El Santo Cura de Ars"


San Juan Maria Bautista Vianney 1786 - 1859
Fiesta 9 de Agosto
Patrón de los sacerdotes.
Ejemplo de virtud, confesor, promotor de la Eucaristía y de la devoción Mariana



INTRODUCCION

En el siglo pasado, Ars, una pequeña villa francesa fue por muchos años el hogar de la vida religiosa de todo el país. Entre el año de 1818 y el 1859, su nombre estuvo en los labios de miles de personas, y tan grande era la afluencia de peregrinos, que la compañía de trenes que servía el distrito, tuvo que abrir una oficina especial en la ciudad de Lyons, para poder lidiar con el tráfico entre esta gran ciudad y el pequeño pueblo de Ars. ¿El causante de todo esto?, un sencillo y sin embargo incomparable sacerdote, de quien hablaremos brevemente en esta historia: San Juan Bautista Vianney.

Nació cerca de Lyon el año 1786. Tuvo que superar muchas dificultades para llegar por fin a ordenarse sacerdote. Se le confió la parroquia de Ars, en la diócesis de Belley, y el santo, con una activa predicación, con la mortificación, la oración y la caridad, la gobernó, y promovió de un modo admirable su adelanto espiritual. Estaba dotado de unas cualidades extraordinarias como confesor, lo cual hacía que los fieles acudiesen a él de todas partes, para escuchar sus santos consejos. Murió el año 1859.


INFANCIA

San Juan Bautista Vianney nació el 8 de Mayo de 1786 y fue Bautizado el mismo día. Era el cuarto de ocho hermanos. Como muchos otros santos, nuestro santo disfrutó de la preciosa ventaja de haber nacido de padres verdaderamente cristianos.

Su padre era el dueño de una finca y su madre era nativa del pueblo de Ecully, el cual como Dardilly, el lugar donde nació el santo, estaban cerca de la ciudad de Lyons.

Sería un error contemplar a la familia Vianney como ignorantes . Sin duda alguna ambos padres y los niños pasaban días arduos en los campos y viñedos, pero la conciencia de que por varios siglos esta tierra había pertenecido a los Vianneys , inspiraba a la familia con un legítimo orgullo y disfrutaban de la estima de todos aquellos que les conocían.

La amabilidad hacia los pobres y necesitados era una virtud familiar; ningún mendigo fue nunca arrojado de sus puertas. Así fue como un día fueron privilegiados de dar hospitalidad a San Benito Labre, cuando el patrono de los mendigos pasó por el pueblo de Dardilly en uno de sus peregrinajes a Roma.

Desde muy niño sus padres lo llevaban a los campos, donde aprendió a ser pastor y, cuando era mayorcito se iba a cuidar los rebaños. El campo era su lugar preferido, las flores, los árboles, toda la naturaleza le hablaba de Dios, en quien encontraba el descanso de su corazón.

Con frecuencia se iba bajo la sombra de un árbol grande y allí, hacía como un pequeño altar donde ponía la imagen de la Virgen Santísima, que siempre llevaba y llevaría toda su vida junto a él; y a los pies de la Madre, descargaba su corazón con la confianza de un niño pequeño.

En otras ocasiones llamaría a sus otros compañeros pastores y les compartiría las cosas del Señor que aprendía de su mamá, siendo éstas sus primeras clases de catecismo que luego, diariamente compartiría con los habitantes de Ars, siendo este uno de sus mas grandes ministerios como sacerdote. Tenía la costumbre de hacer la señal de la cruz, cada vez que sonaba el reloj.

Francia en esta época de 1790, estaba pasando una gran crisis -La Revolución Francesa- que con el pretexto de implantar "Libertad, igualdad y fraternidad" desató una masiva persecución que llevó a la guillotina a muchos hombres y mujeres, incluyendo a muchos sacerdotes y religiosas.

Los sacerdotes tenían que disfrazarse, cambiando constantemente de domicilio, para poder ministrar al pueblo de Dios, que permanecía fiel. Entre estos sacerdotes se encuentran dos que serán muy importantes en la vocación de San Juan: el Padre Balley y el Padre Groboz, quienes trabajaban ambos en Ecculy. Uno hacía de panadero y el otro de cocinero.

Es en este tiempo en el que Juan Bautista hace su Primera Comunión en Ecully, en la casa de su mamá. Buscando no llamar la atención de las autoridades, trajeron carros de heno y los pusieron frente a las ventanas y comenzaron a descargarlos durante la ceremonia para evitar conflicto. Juan Bautista tenía 13 años, y aún siendo tan mayorsito lágrimas corrieron por sus mejillas al recibir al Señor, y durante toda su vida hablará siempre de este día y atesoraría el rosario que su madre le regaló en esta ocasión.

ESTUDIANTE

Al subir al poder Napoleón Bonaparte, gradualmente, la Iglesia obtuvo cierta libertad.

Por corto tiempo Juan Bautista asistió a una escuela de su pueblo, pero ahora que estaba creciendo, cada vez más los campos exigían de su trabajo. Fue en estas largas horas de faena en las que su convicción de ser sacerdote creció en su mente. Se decía: "Si soy sacerdote podría ganar muchas almas para Dios", y este pensamiento lo compartía con su madre, en quien encontraba apoyo, pero su padre le dio gran lucha. Tuvieron que pasar dos años para que el padre aceptase las aspiraciones de su hijo de ser sacerdote.

El Arzobispo de Lyons, quien era tío de Napoleón, sabía que su primer deber era buscar candidatos para el sacerdocio y así cada parroquia fue instruida para que se iniciase una campaña para promover las vocaciones al sacerdocio. El Padre Balley, párroco de Ecully, abrió en la rectoría una pequeña escuela para formar aquellos jóvenes que sintiesen la vocación. Era la oportunidad para Juan Bautista; podía ir a la escuela del Padre Balley y quedarse en la casa de su tía. Hasta su padre vio las ventajas de esta oportunidad y le dio el permiso para irse. Juan Bautista tenía 20 años.

Muchos dicen que era torpe. Sin embargo no puede haber algo mas lejos de la realidad. Su juicio nunca estuvo errado, pero su memoria era pobre. El mismo decía : "Que no podía guardar nada en su mala cabeza".

Al ver que le era tan difícil retener especialmente la gramática del Latín, en un momento de desesperación casi se regresa a su casa, pero felizmente el Padre Balley captó el peligro en el que se hallaba su estudiante, y le pidió hiciese un peregrinaje al Santuario de San Francisco Regis, en Louvesc. El peregrinaje logró un cambio en él , lo que hizo que su progreso fuese por lo menos lo suficiente para salvarlo del sentimiento de desaliento que casi logra apartarlo de sus estudios.

DESERTOR INVOLUNTARIO

El apetito de poder de Napoleón era insaciable. Se había lanzado a la conquista de Europa, lo que provocó que muchos muriesen en su ejército. La falta de soldados lo llevó a reclutar más aun y en el 1806 la clase de Juan Bautista fue llamada a enlistarse. Pasaron dos años, pero en el otoño de 1809, Juan Bautista, a pesar de estar exento por ser seminarista, fue llamado para el ejército. Parece que el nombre de nuestro santo no estaba escrito en las listas oficiales de los estudiantes de la Iglesia que las diócesis proveían a las autoridades. El joven Vianney fue mandado a los regimientos de España. Sus padres trataron de encontrar un substituto y por la suma de 3,000 francos un joven se voluntarizó para ir en su lugar pero se arrepintió al último minuto.

El 26 de Octubre Juan Bautista entró en las barracas de Lyons solo para enfermarse. De aquí lo enviaron al hospital de Roanne donde la enfermera encargada lo ayudó a volver a tener el aspecto de buena salud. Enero 6, 1810, Juan Bautista dejó el hospital, para encontrarse con la noticia de que su compañía se había marchado hacía mucho tiempo. Solo quedaba el tratar de alcanzarles.

El invierno era recio y una fiebre altísima lo atacó lo que provocó que muy pronto no pudiese seguir avanzando. Entrando, en un cobertizo que le dio cobijo, se sentó sobre su bolsa y comenzó a rezar el Rosario. Dijo tiempo después que "Quizás nunca lo recé con tanta confianza". De pronto un extraño se le presentó frente a él y le preguntó: "¿qué estás haciendo aquí?". Juan Bautista le contó lo que le había pasado y desde ese momento el extraño cargó su pesada bolsa y le dijo que le siguiese. Llegaron a la casa de un labrador y allí estuvo por varios días hasta que se le pasó la fiebre. Mientras estaba en cama por primera vez pasó por su mente la realidad de que sin haber sido culpa suya, el era ahora un desertor.

Conocía al Mayor Paul Fayot, quién se dedicaba a esconder desertores y acudió a el, pero no tenía lugar y le recomendó quedarse en la casa de su prima Caludine Fayot, una viuda con cuatro niños. Desde ese momento Vianney adoptó el nombre de Jerome Vincent. Bajo ese nombre llegó hasta abrir una escuela para los niños de la villa.

En el 1810 un decreto imperial concedió amnistía a todos los desertores de los años 1806 a 1810. Juan Bautista estaba cubierto por este decreto así que era libre de regresar a casa y terminar sus estudios. La Divina Providencia y la asistencia de la Virgen lo habían salvado.

Su madre murió poco después de esta feliz reunión. Ahora tenía 24 años y el tiempo apremiaba. El 28 de Mayo de 1811 recibió la tonsura. El Padre Balley, viendo esencial que fuese a tomar estudios regulares lo mandó al Seminario Menor de Verrieres. Aquí el joven Vianney sufrió y tuvo gran faena, pero nunca brilló como un filósofo.

DIFICULTAD CON LOS ESTUDIOS

En Octubre 1813, entró en el Seminario Mayor de Lyons. Su inadecuado conocimiento del latín le hizo imposible captar lo que los profesores decían o responder a las preguntas que le eran hechas. Al final de su primer término le pidieron que se marchara, y su dolor y desaliento eran inmensos. Por algún tiempo pensó en irse a una de tantas congregaciones de hermanos religiosos; sin embargo una vez más el Padre Balley vino en su rescate y sus estudios le fueron dados en privado en Ecully. Pero no pasó el examen previo a la ordenación. Un examen privado en la rectoría de Ecully probó ser más satisfactorio y fue tomado como suficiente, siendo juzgadas justamente sus cualidades morales que sobrepasaban cualquier falta académica.

En Agosto 13, 1815, Juan Bautista Vianney fue elevado al sacerdocio, a esa inefable dignidad de la que tan frecuentemente hablaba diciendo: "El Sacerdote solo será entendido en el cielo"; tenía 29 años de edad.

Su primera Misa la dijo en la capilla de Seminario en Grenoble.

En su regreso a Ecculy la copa de felicidad rebosó cuando se enteró que sería ayudante de su santo amigo y maestro, el Padre Balley. Pero las autoridades diocesanas determinaron que por un tiempo, el que luego pasaría gran parte de su vida en un confesionario, no debía tener las facultades para confesar. Mas tarde, el Padre Balley habló con las autoridades eclesiásticas y el fue su primer penitente.

Su hermana Margarita decía: "él no predicaba muy bien todavía, pero la gente acudía en masa cuando le tocaba a él predicar".

En Diciembre 17, 1817, murió en sus brazos su querido amigo el Padre Balley, a quien lloró como si hubiese sido su padre. El, que era tan desprendido de las cosas materiales, hasta el fin de su vida tendría un pequeño espejo de mano que perteneció a su maestro y padre, porque él decía que "Había reflejado su rostro". Poco tiempo de la muerte del Padre Balley, M. Vianney fue asignado al pueblo de Ars, un pequeño y aislado pueblo donde se pensó que sus limitaciones intelectuales no podrían hacer mucho daño..

PÁRROCO DE ARS: 1818-1859

El pueblecito de Ars se encuentra en una planicie ondulada, que tiene en su centro una pequeña colina donde se encuentra la Iglesia, sirviéndole como de plataforma. En el 1815 consistía de unas 40 casas. Su iglesia estaba extremadamente dañada y de igual condición estaba la rectoría, que se encontraba a un lado del valle.

En los círculos clericales, Ars era mirado como un tipo de Siberia. El distrito era torpe, la desolación espiritual era aún mayor que la material. En los primeros días de Febrero de 1818, que el Abbe Vianney recibió la notificación oficial de su traslado a Ars. El Vicario General le dijo: "No hay mucho amor en esa parroquia, tu le infundirás un poco". El 9 de febrero, M. Vianney se dirigió hacia el lugar que sería por los siguientes 41 años el lugar de su sorprendente y sin precedente actividad. Caminó 38 Km. desde Ecully hasta Ars. Le seguían en un carretón una cama de madera, un poco de ropa y los libros que le dejó el Padre Balley. Cuando pudo divisar la pequeña villa, hizo un comentario de su pequeñez y al mismo tiempo hizo una profecía: "La parroquia no será capaz de contener a las multitudes que vendrán hacia aquí".

Los habitantes del pueblo en su mayoría buscaban los placeres del mundo y no tenían mucha fe, aunque quedaba un pequeño núcleo de personas que permanecían fervorosas, entre las cuales estaba la señora de la casa más grande de Ars, Mlle. des Garets, quien dividía su tiempo entre la oración y las obras de caridad.

Al llegar, su primera preocupación era la de establecer contacto con su rebaño. Visitó cada casa de la parroquia. En estos primeros días todavía encontraba tiempo para caminar por las praderas, con su breviario (libro de oración) en las manos, y su sombrero de tres esquinas debajo de su brazo, ya que rara vez se lo ponía. Para ganar la amistad de los habitantes les hablaba del estado de las cosechas, del tiempo, de sus familias etc.

Sobre todo el oraba y añadía a la oración las más austeras penitencias. Hizo sus propios instrumentos de penitencia. Su cama era el piso ya que la cama que trajo de Ecculy la regaló.

Pasaría sin comer varios días. Hasta el 1827 no había nadie que hiciese las labores domésticas en la rectoría. Su plato principal eran papas y en ocasiones hervía un huevo. Hubo una ocasión en la que trató de vivir de hierba, pero luego confesó que tal dieta era imposible.

El decía: "El demonio no le teme tanto a la disciplina y a las camisas de pelo; lo que realmente teme es a la reducción de comida, bebida y sueño".

El Santo Cura gozaba de la belleza de las praderas y los árboles, pero amaba mucho más la belleza de la Casa de Dios y las solemnidades de la Iglesia. Empezó por comprar un altar nuevo, con sus propios ahorros, y el mismo pintó el trabajo de madera con el que las paredes estaban adornadas.

Se hizo el propósito de restaurar y dar mayor esplendor a lo que el llamaba: "Los muebles de la Casa de Dios". Para el Señor compró lo mejor en encajes , telas, tejidos para hacer las vestimentas sacerdotales, que aun se pueden admirar en Ars.

TRABAJO PASTORAL

La secuela más desastrosa de la revolución era la ignorancia religiosa de las personas. El santo cura resolvió hacer todo lo posible para remediar el estado deplorable de los corazones.

Sin embargo sus sermones e instrucciones le costaban un dolor enorme: su memoria no le permitía retener, así que pasaba noches enteras en la pequeña sacristía, en la composición y memorización de sus sermones de Domingo; en muchas ocasiones trabajaba 7 horas corridas en sus sermones.

Un parroquiano le preguntó una vez, porqué cuando predicaba hablaba tan alto y cuando oraba tan bajo, y él le dijo: "Ah, cuando predico le hablo a personas que están aparentemente sordas o dormidas, pero en oración le hablo a Dios que no es sordo" .

Los niños le daban aún más lástima que los adultos y comenzó a agruparlos en la rectoría y luego en la iglesia, tan temprano como las 6 de la mañana, porque en el campo el trabajo se inicia al amanecer. Era bien disciplinado y les demandaba que se supiesen el catecismo palabra por palabra.

En esos días la profanación del Domingo era común y los hombres pasaban la mañana trabajando en el campo y las tardes y noches en los bailes o en las tabernas. San Juan luchó en contra de estos males con gran vehemencia.

"La taberna, declaró el santo en uno de sus sermones, es la tienda del demonio, el mercado donde las almas se pierden, donde se rompe la armonía familiar, donde comienzan las peleas y los asesinatos se cometen. En cuanto a los dueños de las tabernas, el demonio no les molesta tanto, sino que los desprecia y les escupe".

Tan grande fue la influencia del Cura de Ars, que llegó una época donde toda taberna de Ars tuvo que cerrar sus puertas por la falta de personas. En tiempos subsecuentes, modestos hoteles se abrieron para acomodar a los extraños, y a estos el Santo Cura no se opuso.

Con mucho más ahínco se propuso eliminar la costumbre de los bailes como distracción, porque bien sabía que eran fuente de caer en pecado grave. Para esto, revivió la costumbre de rezar las Vísperas del Domingo. Era tan estricto en contra de esto que hasta llegaba a negar la absolución a las personas que no desistían de tal costumbre.

Por esta razón se ganó muchos enemigos, que decían grandes calumnias en su contra sin embargo él las tomaba ligeramente y no ponía su corazón en esto.

TRIUNFO

Pasaron dos años cuando llegó la noticia de que M. Vianney sería el Cura de Salles, en Beaujolais. Todo el pueblo de Ars estaba consternado con la noticia. Una señora de Ars, en una carta, habló de estrangular al Vicario General.

Para asegurar su futuro, el pueblo pidió que su villa fuese erigida en parroquia regular y que su párroco fuese el Cura de Ars. El Padre Vianney fue puesto como párroco, ya que hasta ese momento solo había sido capellán (los capellanes son mas faciles de trasladar que los párrocos).

Ese mismo año el Santo Cura de Ars inició los trabajos en la Iglesia. Se construyó una torre, y varias capillas laterales, entre ellas una dedicada a la Santísima Virgen, donde por 40 años todos los sábados diría Misa el santo cura. La Iglesia fue además enriquecida con muchas estatuas y cuadros.

Quería tener buenas escuelas en el pueblo y para comenzar abrió una escuela gratis para niñas a la que llamó "Providencia". Desde 1827 recibió como internas solo a niñas destituidas. Para ellas tenía que encontrar comida y más de una vez intervino el Señor milagrosamente, multiplicando el grano o la harina. Durante 20 años iba todos los días a cenar a esta casa.

Después de 2 años y medio, el Domingo se respetaba como el día del Señor. Todo el pueblo iba a Vísperas. El Cura de Ars amaba las ceremonias de la Iglesia. Personalmente entrenaba a sus servidores del altar. Su fiesta favorita era Corpus Christi. En este día dejaba un poco el confesionario e iba por el pueblo admirando las decoraciones; él mismo llevaba el Santísimo.

El último día de esta fiesta que celebró fue 40 días antes de su muerte y sin el saberlo el mayor del pueblo contrató una banda de música. Al primer sonido de la música se estremeció nuestro santo de alegría, y cuando todo hubo terminado no encontraba palabras suficientes para agradecer este regalo para el Señor.

Su tierno amor por la Virgen Santísima lo movió a consagrar su Parroquia a la Reina del Cielo. Sobre la entrada de la pequeña Iglesia puso una estatua de la Virgen que aún se encuentra en el mismo lugar.

Cuando el Papa Pío IX definió el Dogma de la Inmaculada Concepción, nuestro santo pidió a los habitantes del pueblo que iluminasen sus casas de noche, y las campanas de la iglesia resonaron por horas de horas. Al ver esta luminosidad desde los pueblos cercanos, pensaron que el pueblo estaba en llamas, y acudieron a apagar el supuesto fuego. Hasta el día de hoy existe un sombrero de plata cerca de la estatua de la Virgen donde están escritos los nombres de todos los parroquianos de Ars.

ATACADO POR LAS FUERZAS DEL INFIERNO

Era de esperarse que un triunfo tan grande de la religión así como la santidad del instrumento que Dios usó con este fin, trajese la furia del infierno. Por un periodo de 35 años el santo Cura de Ars fue asaltado y molestado, de una manera física y tangible, por el demonio.

La ocupación ordinaria del demonio, permitida por Dios hacia nosotros, es la tentación. El demonio también puede asechar las almas de diversas maneras.

a) Asedio: acción extraordinaria del demonio, cuando busca aterrorizar por medio de apariciones horribles o por medio de ruidos.

b) La Obsesión: va más allá. Puede ser externa cuando el demonio actúa en los sentidos externos del cuerpo o interna cuando influencia la imaginación o la memoria.

c) Posesión: cuando el demonio toma control de todo el organismo.

El Cura de Ars sufrió de la primera, asedio. Los ataques del demonio comenzaron en el invierno de 1824. Ruidos horribles y gritos estrepitosos se oían fuera de la puerta del presbíterio, viniendo aparentemente del pequeño jardín de enfrente. Al principio el Padre Vianney pensó que eran salteadores que venían a robar, y a la siguiente noche le pidió a un señor que se quedase con él. Después de medianoche se comenzó a escuchar grandes ruidos y golpes contra la puerta de enfrente, parecía como si varios carros pesados estaban siendo llevados por los cuartos. El señor André buscó su pistola, miró por la ventana, pero no vio nada, solo la luz de la luna. Decía: "por 15 minutos la casa retembló y mis piernas también", nunca más quiso quedarse en la casa.

Esto ocurría casi todas las noches. Aún ocurría cuando el santo cura no estaba en el pueblo. Una mañana el demonio incendió su cama. El santo se disponía a revestirse para la Santa Misa cuando se oyó el grito de "fuego, fuego". El solo le dio las llaves del cuarto a aquellos que iban a apagar el fuego. Sabía que el demonio quería parar la Santa Misa y no se lo permitió.

Lo único que dijo fue "El villano, al no poder atrapar al pájaro le prende fuego a su jaula". Hasta el día de hoy los peregrinos pueden ver, sobre la cabecera de la cama, un cuadro con su cristal con las marcas de las llamas de fuego.

El demonio por espacio de horas haría ruidos como de cristal, o silbidos o ruidos de caballo y hasta gritaba debajo de la ventana del santo: "Vianney, Vianney, come papas".

El propósito de todo esto era el de no dejar dormir al Santo Cura para que se cansara y no pudiese estar horas en el confesionario, donde le arrancaba muchas almas de sus garras. Pero para el 1845 estos ataques cesaron casi por completo. La constancia de nuestro santo ante estas pruebas fue recompensada por el Señor con un poder extraordinario que le concedió de expulsar demonios de las personas poseídas.

El santo sacerdote se puede decir que pasó su vida en una continua batalla con el pecado a través de su trabajo en el confesionario. El gran milagro de Ars era el confesionario.

Miles de personas acudían al pueblo de Ars para ver al Santo Cura, pero especialmente para confesarse con él.

PEREGRINACIONES A ARS

La afluencia de peregrinos se inició en el año 1827. A partir del 1828 el Santo Cura no podía irse ni siquiera por un día.

Sin embargo, no fue exento de críticas y su práctica y amor por los pobres se le atribuyó a avaricia. Algunos críticos decían que podían ver en él rasgos de hipocresía o un deseo secreto de sobresalir. Su mansedumbre y humildad terminaron por vencer sobre sus críticos.

En una ocasión cuando su competencia profesional fue puesta en duda por algunos de sus hermanos sacerdotes, el obispo de la diócesis mandó a su Vicario General para que averiguase y diese un reporte sobre el asunto. El reporte recibido por el obispo fue más que favorable. Aquello sirvió para que quedase constancia de su vida. Se puede decir que el confesionario era su morada habitual, pasaba de 11 a 12 horas en el confesionario.

El cúlmen de los peregrinajes se alcanzó en 1845, llegaban de 300 a 400 visitantes todos los días. En el último año de la vida del Santo Cura el número de peregrinos alcanzó el asombroso número de 100 a 120 mil personas.

Ningún ministerio sacerdotal es tan agotador para la carne y el espíritu como el estar sentado en el confesionario.

Solo Dios sabe los milagros de gracia ocurridos en ese confesionario, que hasta hoy se mantiene en pie, en el mismo lugar dónde el lo puso, en la capilla de Santa Catalina, o en la sacristía donde usualmente escuchaba las confesiones. En su manera de lidiar con las almas era infinitamente gentil y al mismo tiempo decía la verdad que el alma necesitaba escuchar para su bien. Sus exhortaciones eran breves y dirigidas al punto necesario.

El cura de Ars tenía también el don de profecía. En mayo 14 de 1854, el Obispo de Ullathorne llamó a nuestro santo y le pidió que orase por Inglaterra. El Obispo de Birmingham cuenta que el hombre de Dios dijo, con convicción extraordinaria: "Monseigneur, creo que la Iglesia en Inglaterra será restaurada a su esplendor".

También tenía una gran devoción a Santa Filomena. La llamaba "mi agente con Dios". Le construyó una capilla en su honor y también un santuario. (Vea su conección con las apariciones de La Salette

En una ocasión cayó tan enfermo, que parecía ser su final y prometió a la santa ofrecer 100 misas en su honor en su santuario. Cuando la primera Misa estaba siendo ofrecida, entró en éxtasis, durante el cual se le escuchaba murmurar: "Filomena", repetidas veces. Cuando salió de su éxtasis exclamó: "estoy sanado" , y le atribuyó su sanación a Santa Filomena

HUIDA DE ARS

Una tentación le persiguió casi por toda su vida en Ars, y esta era el deseo de la soledad. Con toda sinceridad, M. Vianney se sentía incapaz para su oficio en Ars. El año anterior a su muerte le dijo a un misionero: "Tú no sabes lo que es pasar del cura de almas al tribunal de Dios". En el 1851 le rogó a su obispo que lo dejase renunciar. En tres ocasiones llegó hasta irse del pueblo, pero siempre regresó.

CONSUMACIÓN

Pasaron 41 años desde el primer día en el que el Cura llegó a Ars, fueron años de actividad indescriptible. Después de 1858 decía con frecuencia: "Ya nos vamos; debemos morir; y muy pronto". No cabe duda de que él sabía que su fin estaba cerca. En Julio de 1859, una señora muy devota de San Etienne vino para confesarse. Cuando se despedía de él le dijo: "Nos veremos de nuevo en tres semanas", ambos murieron en ese tiempo, y se encontraron en un mundo mucho más feliz.

El mes de Julio de 1859 fue extremadamente caluroso, los peregrinos se desmayaban en grandes cantidades, pero el santo permanecía en el confesionario. El viernes 29 de Julio, fue el último en el que apareció en la iglesia. Esa mañana entró en el confesionario como a la 1:00 a.m. Pero después de haberse desmayado en varias ocasiones, le pidieron que descansara. A la 11:00 dio catecismo por última vez. Esa noche con mucha dificultad pudo arrastrarse hasta su cuarto. Uno de los Hermanos Cristianos le ayudó a subirse a su cama, pero el santo le pidió que le dejase solo.

Una hora después de medianoche, aproximadamente, pidió ayuda: "Es mi pobre fin, llamen a mi confesor". La enfermedad progresó rápidamente. En la tarde del 2 de Agosto recibió los últimos sacramentos: "Qué bueno es Dios; cuando ya nosotros no podemos ir más hacia El, El viene a nosotros" .

Veinte sacerdotes con velas encendidas escoltaron al Santísimo Sacramento, pero el calor era tan sofocante que tuvieron que apagarlas. Con lágrimas en los ojos dijo: "Oh, que triste es recibir la Comunión por última vez".

Juan VianneyEn la noche del 3 de Agosto llegó su obispo. El santo lo reconoció pero no pudo decir palabra alguna. Hacia la medianoche el fin era inminente. A las 2:00 a.m. del Sábado 4 de Agosto de 1859, cuando una tormenta azotaba el pueblo de Ars, el Obispo M.Monnin leía estas palabras: "Que los santos ángeles de Dios vengan a su encuentro y lo conduzcan a la Jerusalén celestial", el Cura de Ars encomendó su alma a Dios.

Su cuerpo permanece incorrupto en la iglesia de Ars

El 8 de Enero de 1905, el Papa Pío X, Beatificó al Cura de Ars; y en la fiesta de Pentecostés Mayo 31 de 1925, en presencia de una gran multitud, el Papa Pío XI pronunció la solemne sentencia: "Nosotros declaramos a JuanMaría Bautista Vianney que sea santo y sea inscrito en el catálogo de los santos".

viernes, 19 de junio de 2009

"Detente" Distintivo de la Contrarevolución



Escudo distintivo de los Contra-revolucionarios

En 1789 estalló en Francia, con trágicas consecuencias par el mundo entero, un flagelo muchísimo más terrible que cualquier epidemia: la calamitosa Revolución Francesa.
En ese período, los verdaderos católicos encontraron amparo en el Sacratísimo Corazón de Jesús, y muchos sacerdotes, nobles y el común de la gente que resistieron a la sanguinaria Revolución anticatólica llevaban el Detente protector.
Entre las pertenencias de la Reina María Antonieta, guillotinada por el odio revolucionario, encontraron un dibujo del Sagrado Corazón, con la llaga, la cruz y la corona de espinas y las palabras: “Sagrado Corazón de Jesús, ¡Ten misericordia de nosotros!”.
Entre los regalos que el Papa Bendicto XIV, en el 1748, envió a la princesa Polaca Mary Lczinska con la ocasión de su matrimonio con el Rey de Francia Luis XV, había, de acuerdo a las memorias de ese tiempo, “muchos escudos del Sagrado Corazón hechos de taffeta roja y bordados en oro.” (De Franciosi, s.j., La dévotion au Sacré-Coeur de Jésus, p. 289).

Heroísmo de los devotos del Sagrado Corazón de Jesús

En el tiempo de la Revolución Francesa se desató una violenta persecución contra la Iglesia y estos escapularios se tuvieron por “la manifestación viva del fanatismo” y como evidencia de hostilidad al régimen revolucionario.
En la región de Mayenne (oeste de Francia), los Chouans –heroicos resistentes católicos, que enfrentaron con bravura y ardor religioso a los revolucionarios franceses de 1789– bordaban en sus trajes y banderas el Detente del Sagrado Corazón de Jesús. Era como un blasón y, al mismo tiempo, una armadura: “blasón” usado para reafirmar su Fe católica; “armadura” para defenderse contra las embestidas adversarias.
También ostentaron el Detente como “armadura espiritual” muchos otros líderes y héroes católicos que murieron o lucharon en defensa de la Santa Iglesia, como los bravos campesinos seguidores del aguerrido tirolés Andreas Hofer (1767-1810), conocido como “el Chouan del Tirol”. Lo hicieron para protegerse en las luchas contra las tropas napoleónicas que invadieron el Tirol.
A comienzos del siglo XX, el Detente fue usado en México por los Cristeros, que se levantaron en armas contra gobiernos anticristianos opresores de la Iglesia, y en España por los famosos tercios carlistas –los llamados requetés– célebres por su piedad como por su arrojo en el campo de batalla, cuya contribución fue decisiva para el triunfo de la insurgencia anticomunista de 1936-39.
Más recientemente, los católicos cubanos que no se dejaron subyugar por el régimen comunista tenían especial devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Prisioneros y llevados al “paredón” (en donde eran sumariamente fusilados), enfrentaron a los verdugos fidelcastristas gritando “¡Viva Cristo Rey!” –siguiendo el ejemplo de sus hermanos en el ideal católico, los Cristeros de México, también martirizados por odio a la Fe, a comienzos del siglo XX.
En la antigua Perla de las Antillas (la actual Isla Prisión) antes de ser esclavizada por la tiranía de Fidel Castro, había muchas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús en sus arboladas plazas. Pero después de la dominación comunista, las bellas estatuas del Sagrado Corazón de Jesús fueran derribadas y –asómbrese el lector– substituidas por otras del Che Guevara... La figura del guerrillero que tenía sus manos teñidas de sangre inocente, del revolucionario que hizo correr un río de sangre en varios países latino-americanos, ¡colocada en lugar de la imagen del Sagrado Corazón, que representaba la misericordia divina y el perdón!
El uso del detente se extendió grandemente, especialmente desde el 1866, durante las estragos producidos por la epidemia del cólera de Amiens, Roubaix, Cairo y otras partes. Su influencia beneficiosa se hizo evidente. Después de la guerra Franco-Alemana los “Salvaguardia” probaron ser en mas de una ocasión, un escudo que protegió a muchos soldados franceses de las balas de enemigas. (Cf. Messager du Coeur de Jésus, vol. XIX, p. 180).
El bienaventurado Papa Pío IX y el Detente
En 1870, una dama romana, deseando saber la opinión del Sumo Pontífice Pío IX acerca del Detente del Sagrado Corazón de Jesús, le presentó uno. Conmovido a la vista de esta señal de salvación, el Papa concedió aprobación definitiva a tal devoción y dijo: “Esto, señora, es una inspiración del Cielo. Sí, del Cielo”. Y, después de un breve silencio añadió: “Voy a bendecir este Corazón, y quiero que todos aquellos que fueren hechos según este modelo reciban esta misma bendición, sin que sea necesario que algún otro sacerdote la renueve. Además, quiero que Satanás de modo alguno pueda causar daño a aquellos que lleven consigo el Escudo, símbolo del Corazón adorable de Jesús”.
Para impulsar la piadosa costumbre de llevar consigo el Detente, el bienaventurado Pío IX concedió en 1872, cien días de indulgencia para todos los que, portando esta insignia, rezasen diariamente un Padrenuestro, una Avemaría y un Gloria
Después de ello, el Santo Padre compuso esta bella oración: “¡Abridme vuestro Sagrado Corazón oh Jesús! ...mostradme sus encantos, unidme a Él para siempre. Que todos los movimientos y latidos de mi corazón, incluso durante el sueño, os sean un testimonio de mi amor y os digan sin cesar: Sí, Señor Jesús, yo Os adoro... aceptad el poco bien que practico... hacedme la merced de reparar el mal cometido... para que os alabe en el tiempo y os bendiga durante toda la eternidad. Amen”


Sagrado Corazón de Jesús


Acto de Reparacion al Corazon Sacratisimo de Jesus

¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
Mas. recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad, de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos ante todo obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra Vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del Amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que ponen obstáculos al magisterio de la Iglesia por Vos fundada.
¡Ojalá que nos fuera dado lavar tantos crímenes, con nuestra propia sangre! Mas, entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen, nuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que Vos mismo ofrecisteis un día sobre la Cruz al eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y con el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento. ¡Oh benignísimo Jesús! por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación, concedednos que seamos fieles a vuestros mandamientos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia final, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos. Amén.

sábado, 13 de junio de 2009

Los Santos irlandeses a traves de los siglos...


El camino que les marco Dios

Tal vez, para comprender en la actualidad la forma de ser de un pueblo, el porqué de su "identidad", hay que remontarse a su contexto histórico, y particularmente la Historia de Irlanda, esta llena de sucesos que forjaron una patria de un temple muy especial.

Escribe G.K.Chesterton:

"A los grandes gaélicos de Irlanda",
"Son los hombres que Dios hizo dementes
"Todas sus guerras son una fiesta
"Y todos sus cantos amargas penas".

Cuando se menciona el nombre de la verde "Erin", el referente más utilizado, tal vez, sea San Patricio. Nacido con el nombre de Patricius, en la Britannia Romana, sin tener una fecha precisa, aunque se estima a finales del siglo IV, en el seno de una familia acomodada. En el año 400 es tomado esclavo por los irlandeses en uno de sus saqueos de las poblaciones romanas de la Gran Bretaña y es llevado a las colinas de Antrim, una zona inhóspita del norte de Irlanda, donde lo ponen a trabajar como pastor. Sufre la soledad, el hambre y el frío y sobrevive gracias a su contextura física fuerte. En lo espiritual, como él mismo recuerda, "solía orar de modo permanente durante el día… y creció la Fe y mi espíritu resucitó hasta que un día me vi rezando hasta cien oraciones… por que entonces el Espíritu ardía en mi".

Es así, como seis años, más tarde, oye una voz misteriosa, que le dice:

"Tus penas han sido recompensadas: volverás a casa". Después de un tiempo, y diversas peripecias, retorna a su hogar en Gran Bretaña, donde es bienvenido por sus padres, que le ruegan no los vuelva a abandonar.

Pero, le es imposible adaptarse. Endurecido física y psicológicamente y retrasado en sus estudios respecto de sus pares, no logra, a pesar de sus esfuerzos, quitar de sus pensamientos a los irlandeses. Y Cristo habla desde el fondo de su alma: "Aquel que dio su vida por Ti, es ahora quien habla desde Ti".

Cuando, ya no soporta más la situación, deja a su familia nuevamente y se dirige al Monasterio ubicado en la Isla de Leirins, en la Galia, donde estudia Teología con el propósito de ordenarse sacerdote.

Finalmente logra este propósito y más tarde, ya obispo, decide regresar a Irlanda, en el año 432 aproximadamente. Quiere devolver el duro trato allí recibido en su juventud, pero del modo que lo hacen los santos: retribuyéndoles con la conversión a la fe cristiana.

Enseñándoles con el "shamrock" (trébol) de tres hojas, a modo de ejemplo, la profundidad del misterio de la Santísima Trinidad, fue el primer hombre de la historia humana que se opuso al esclavitud. El fue quien expulsó a todas las serpientes de Irlanda y convirtió a sus habitantes al catolicismo, antes de su muerte en el año 461, dejando un legado riquísimo espiritualmente y fortalecido de iglesias, monasterios, conventos y escuelas.

Y entre los primeros conversos, se encontraría Santa Brígida, una noble dama, bellísima, que fundó el primer convento de monjas, el Monasterio de Kildare.

Asimismo San Columbano, hijo de la familia real de Donegal, establece el monasterio de Luxeuil, convierte a las tribus germánicas a lo largo del Rin, funda el monasterio de Gallus, este que todavía existe, próspero y a su alrededor fue surgiendo la ciudad de Saint Gall y luego cruzando los Alpes, funda en Bobbio, Italia, "una fuente de ciencia y sabiduría". En uno de sus tres monasterios se dibujaron y miniaron los célebres manuscritos de Kells, todavía existentes hoy en día, de una belleza insuperable.

Los restos de San Patricio, Santa Brígida y San Columbano se veneran en una ciudad del Ulster (o Irlanda del Norte, para los ingleses): DownPatrick, una de las razones por la cual hoy en día los irlandeses, quieren recuperar ese territorio de la usurpación británica.

Luego vendrían otros Santos, no menos fervorosos, como Colm Cille, posteriormente conocido como San Columba, este celebre monje establece el primer monasterio cristiano en la Isla de Iona y comienza una tarea que haría de esa pequeña isla escocesa una fuente de ciencia y el campo santo donde reposarían reyes.

En el año 635, Aidan junto a un grupo de monjes partió de Iona con el fin de convertir a los ingleses, "una raza bárbara, intratable y de dura cerviz", y establece un monasterio en Lindisfarne. Llevó consigo el arte de iluminar los manuscritos. Y tanto el manuscrito mas antiguo de la épica inglesa y otras crónicas anglosajonas, fueron escritas en lo que todavía es el alfabeto irlandés.

En el siglo VI, zarpa desde Irlanda, en un "curragh" (bote de madera y cuero), el monje San Brendan, junto con otros monjes y llega hasta las costas de Terranova y descubre América, esta hazaña fue repetida en el año 1976, por el explorador irlandés Tim Severin, junto a un grupo de personas, para probar la veracidad del hecho.

En Europa, el monje del siglo V, Siadhal (Sedulius), escribió el gran poema épico cristiano intitulado "Carmen Pascale". Fearghal, (San Virgilio), el que convierte a los bávaros y el primer estudioso que enseño que la tierra era redonda.

Fursa establece monasterios en Peronne y San Quintín… San Fridolin llega a ser el primer obispo de Strasbourgh… Clemente y Albino, se convierten en consultores de Carlomagno… Damhnaith (Santa Dympna) tiene su santuario en Gheel, Bélgica… Levin (San Levino) es martirizado en los Países Bajos.

Donatus es hecho Obispo de Fiésole, Italia, solamente "por que había llegado de Irlanda"… Fiachra (San Fiacre) tiene su santuario cerca de Paris y todavía hoy llegan hasta el los jardineros para pedir a su patrón el don de la lluvia… San Killian llega a ser el Santo Patrono de Wurzburg en Alemania.

Se podría seguir escribiendo sobre la cantidad de estos audaces monjes irlandeses que llevaron la luz de Cristo a todos los rincones de Europa, inclusive a los más apartados y no solamente eso, sino, en el área cultural fueron muy prolíficos, gracias a ellos numerosos escritos griegos y romanos, los tenemos hoy en día, gracias a ellos, ya que los protegieron de las hordas bárbaras que asolaron a Europa durante el temprano medioevo.

domingo, 7 de junio de 2009

El Celibato...


El sacerdote Catolico no renuncia a amar. Más bien para poder amar a Dios con toda su vida renuncia a formar una familia.

1) El celibato sacerdotal es una tradición de la Iglesia de origen divino, es decir, inaugurada por Cristo mismo al fundar la Iglesia; la cual, como Cuerpo Místico, sigue esta tradición como consejo evangélico y no como obligación. San Pablo lo reitera diciendo: "El que no pueda aguantar, que se case" o "es preferible casarse que abrasarse" (no hay error de ortografía), luego de recomendar como más perfecto el estado célibe. El fundamento evidente es la vida misma de N. S. Jesucristo, que vivió célibe. ¿Esto es para todos? Ni soñando. Es para aquellos que son llamados por Dios a ese estado, que no son todos. Debe saberse, por fin, que lo que es más perfecto es el estado, no la persona. ¿Es más perfecto el que es célibe que el que se casa? No, el estado es más perfecto; y podría ser que finalmente, él también lo fuese. Pero cada cual puede alcanzar la perfección en el estado que tiene, es decir, santificarse.

2) El celibato no es preceptivo ni obligatorio, como lo prueba la infinidad de casados católicos —casi los únicos que quedan casados hoy día. Ahora que, si uno siente el llamado de Dios al sacerdocio o la vida consagrada, el celibato se convierte en el sello carnal de pertenencia a la Divina Trinidad. No es pues del orden de la naturaleza el estado célibe, como Ud. bien dice y reitera: bien que hizo Dios al hombre como Varón y Mujer, y la bondad de la Creación se ratifica y sana del Pecado original, con la Institución del sacramento del Matrimonio por Cristo, por lo cual, el mismo San Pablo, lo llama "Sacramento grande", lo que no dice de ningún otro. Lo importante es que el celibato es no una condición ni una imposición ni, mucho menos, un desmedro del matrimonio, sino un sello sobrenatural impreso por Dios en la misma carne, con el cual queda señalado singularmente aquél que ha aceptado el llamado de Dios. Luego: el celibato, su fuerza, viene de Dios, no de los hombres.

Piense que, como decían los juristas romanos "nadie da lo que no tiene". Así si el sacerdote da algo, y algo bueno, es porque lo tiene, y lo tiene por que lo recibe de Dios, por que lo que él da, es vida divina. Pero para eso, debe pertenecerle a Dios.

Es impropio desligar el celibato de la vida sacerdotal ordenada, por que esa misma condición sagrada impone de suyo una separación de las cosas del mundo y una configuración más perfecta y acabada a Cristo Sacerdote, Cuyas divinas manos y voz operan por medio del sacerdote ordenado.

3) Lo que se da en "las otras religiones" que los “Ministros de Asambleas” se casen y formen familia, es insubstancial y nada concluye ("de principios distintos, se siguen consecuencias distintas"), porque no son religiones verdaderas y no son Iglesia como tal; de consiguiente, al no tener dones divino para administrar y repartir, no tienen sacerdocio verdadero ordenado o sacramental, sino un ministerio cultural o regimental si prefiere, pero nunca, verdadero sacerdocio santificador, como lo tenemos los católicos, por Gracia de Dios. La Iglesia es Cuerpo Místico de Cristo y por medio del sacerdocio ordenado, se introduce al bautizado en la vida Trinitaria, es decir, en la vida divina, se lo "diviniza", escriben algunos doctores. Eso no pasa en las otras religiones, que son en todo caso desprendimientos heréticos, secos y flacos, del catolicismo (como el Islam y el protestantismo: "catolicismo sin misterios", decía de Joseph de Maistre) o bien, éticas naturalistas sin ambiciones sobrenaturales, como el budismo. En suma: si el sacerdote, en el catolismo, es "otro Cristo" y actúa in persona Christi, se comprende que deba parecérsele todo cuanto le sea posible sin morir. Y a veces cuando hace falta, muriendo nomás: como los mártires, que mueren totalmente; o los célibes, que mueren en parte al mundo para asemejarse a Cristo.

4) No se crea que el celibato es instaurado en el Concilio de Trento. El celibato es regulado en Trento, por que era tradición de la Iglesia desde su mismísima cuna. Les sugiero estudiar un poco el problema y confrontar los antecedentes históricos. De todas maneras, como todos los consejos evangélicos, se han ido imponiendo gradualmente en la Iglesia y la sanción legal ha sido una consecuencia de la tradición, y no a la inversa .... hasta hace poco por lo menos.

5) El sacerdocio femenino es sencillamente imposible. Metafísicamente imposible. La supuesta ordenación de una mujer sería sin ningún efecto, al igual que la de un ángel, por que no existiría "materia apta"; de modo tal que, si por hipótesis se autorizase la ordenación de ángeles o de mujeres (¿qué diferencia hay entre ellos?), no serviría para nada. ¿Por que? Por que Dios mismo eligió y prefirió a los varones para ser sus apóstoles, y no mujeres Se refiere a veces que los protestantes tienen sus "sacerdotisas" y es verdad, pero explíqueme primero cómo se puede seguir llamando "cristiano" un supuesto movimiento religioso que desafía abiertamente las decisiones de su Divino Fundador, reformándolas y poniéndose, en consecuencia, por encima de Él. Ellos, que por mil motivos que no vienen aquí a cuento pierden año tras año prosélitos y adherentes (y a nosotros nos está pasando lo mismo) han preferido dar una respuesta "marketinera" y comercial a esta emergencia, a ver si captan un poco más de clientela. La religión empero, no es cuestión de clientela sino un negocio de salvación eterna.

San Pedro y san Pablo dicen, más o menos, esto: "la mujer está hecha para el varón, el varón para Cristo y Cristo es de Dios". Siguen aquí la doctrina recibida de Cristo mismo y el Génesis, donde se narra que Dios crea la mujer para acompañar al varón, en quien deposita a todo el género humano "in fieri". El hombre es, pues, para Dios, y la mujer para el varón.

—¡No me gusta, es machista ...!

Y bueno, será, pero es así. En realidad, lo de "machista" es una simpleza, una tontería y una vulgaridad, por que los seres humanos no somos "machos" y "hembras" sino varones y mujeres. No vivimos en pareja sino en Santo Matrimonio o bien, amancebados o en concubinato (palabras todas ellas fuertes, empezando por Matrimonio, pero ciertas). Es decir: tenemos vida moral y eso hace que nuestras condiciones y nuestros actos sean totalmente diferentes a los de los animales y merezcan una calificación más dura, cuando son reprochables. Uno no le anda dando discursos a su perro sobre el 6º mandamiento cuando sale de farra con las perritas del barrio; pero a su hijo, si no lo sermonea con rudeza, capaz que se va al infierno por pecar gravemente de omisión.

Luego, resulta que la afirmación del párrafo anterior no es "machista" sino ... jerárquica. La Iglesia es jerárquica. La Creación es más jerárquica todavía, como se sabe y, en parte, queda dicho. Luzbel no quiso servir a un Hijo de Hombre y, por eso, gritó, para toda la eternidad: "¡no serviré!" (¡....para nada!, agregaron los angelitos culiformes desde el techo decorado de una farmacia) y, en cierto modo, reclamaba que la Creación tenía una jerarquía que Dios no estaba respetando. ¡Faltarle así el respeto a él, que era todo un angelote importantísimo, igualito en dignidá a cualquier otro y, mejor todavía que cualquier otro! Y resulta que la Segunda Persona de la Ssma. Trinidad, ante la cual debía doblar su rodilla toda potencia en el Cielo la Tierra y los Avernos ... ¡era un hombre cualquiera, un hombre ... ni siquiera un ángel!

Los ángeles, y no solamente los demonios, tendrían derecho a quejarse ante el Trono del Altísimo por esta violación a su dignidad angelical. Un ser humano puede confeccionar el Santísimo Sacramento, es decir, convertir un pedacito de pan ázimo en Dios Uno y Trino y darlo a comer a sus semejantes, o absolver de las penas eternas o elevar un hombre a la condición de Dios ¡y ellos se tienen que quedar ahí, mirando y adorando! Y todo por que Cristo es hombre.

Y además, era varón. Y lo es por toda la Eternidad. Pero los ángeles no se quejan; y las mujeres santas, como la Mamá de Nuestro Señor, tampoco.

Acá es lo mismo, si me permite la comparación. Y donde hay jerarquía, en teoría, no debería haber envidia ni deseos inmoderados, por que no debería haber supremacía ni servidumbre sino servicio y sacrificio: la jerarquía está puesta por Dios para mi bien, no para mi envidia; y el puesto en la "cadena" lo designa Dios, siendo así el sacerdocio destinado para los que Él elije y llama: "Vosotros no me habéis elegido a mí: yo os he llamado a vosotros" se dice en San Juan 15, 16. Y esto lo afirma Jesús la noche que instituye el sacerdocio ordenado, la santa Misa y el episcopado. La Iglesia, por tanto, puede predicar el Evangelio; no reformarlo.

Esa noche estaban allí los Doce con Él. Ni su Madre, nuestra Mamá del Cielo, estuvo invitada a la Primera Misa, según parece. Tampoco Nuestro Señor la hizo sacerdotisa y en toda la vida pública de Jesús no pronuncia otras palabras que éstas: "haced lo que Él os diga". María Santísima es presentadora de la obra del Redentor, pero no sacerdotisa. No obra por Él sino para Él.

Me parece que vale la pena tener claro el ejemplo.

Siguiendo un texto paulino, le diría que cuando una mujer (o un varón sin vocación real) quiere el sacerdocio ordenado, igualmente quiere una cosa buena, lo cual no es necesariamente un acto moral bueno si se quiere con un fin distinto al que Dios le dió al instituirlo. Y al contrario, al quererse una cosa buena con desorden, se la pervierte y se peca gravemente, porque la gravedad del pecado, está también dada por la jerarquía del bien que se impide o se viola. ¡Jerarquía, jerarquía ...! ¡basta!

Sería un apetito inmoderado querer una cosa buena que no está a nuestro alcance o no nos corresponde o tener o pedir, y en esto, hay siempre falta grave. Como la habría proporcionalmente en la jerarquía eclesiástica si consintiese en darlo, pues de esta forma traicionaría el mandato del Divino Fundador por mera demagogia, además de engañar al pretencioso con una dádiva vana y sin sentido.

6) La sexualidad tiene un fin específico que es la fecundidad, la fecundidad, la perpetuación de la especie, y la perpetuación de la especie, que ya es una cosa buena en sí misma y un señor fin, se remite al cumplimiento del mandato divino "Creced y multiplicáos". Todo muy jerárquico. Cuando hay sexualidad (deberíamos llamarla con su nombre propio: genitalidad) deben estar presentes todos los fines, al menos en la intención inicial, aunque no hace falta que estén permanentemente en la conciencia, por que el hombre es una unidad moral y no se puede fraccionarlo, ni siquiera de la cintura para abajo. La "dimensión" satisfactiva o sedativa del sexo, que no es desdeñable y es un fin lícito, debe darse siempre dentro del Matrimonio, como manda la Iglesia y dispuso Cristo mismo y explicó como pudo San Pablo —que decía sufrir un aguijón en su carne que no sabemos qué era y que le producía padecimientos enormes.

Por lo tanto, la idea degradada de la sexualidad la tienen quienes la desgajan de su fin, altísimo si lo hay en este mundo, de perpetuar la especie y cumplir un mandato divino, para rebajarla a un pasatiempo placentero e irresponsable. No hablo del "amor" por es una palabra demasiado recorrida en los sermones dominicales sin ningún rigor y con un hastío que ya pesa; pero cuando se cumplen los mandamientos se ama a Dios, dice Su Hijo. Un sacerdote, que libremente dió promesa de celibato, y una mujer, que sabe que anda pololeando con un hombre consagrado al Sacerdocio, no tiene auténtico "amor" sino una pasión desordenada, y no deben ser felicitados sino amonestados, a menos que Ud. prefiera que se vayan los dos al infierno por no decirles nada ahora, que todavía están a tiempo. Ahora bien: si no se cree que se irían al Infierno, no hablemos más: no es ser católico ni respetar el sacrificio de la Cruz, ofrecido por Cristo al Padre para el perdón de nuestros pecados y nuestra salvación. Y si se piensa que los pecados no llevan al infierno, entonces s ¡Cristo murió en vano!?

La "sexualidad" es divertidísima cuando se hace sin responsabilidad y conciencia, como todo lo demás; igual que el robo (¡llegaría fácil a fin de mes, a fin de año, a fin ... de cuentas!), ¡el adulterio...! ni hablar. Y una mentirita de vez en cuando, es descontracturante... y me salvaría de cargar con la vergüenza de todo lo demás.

Pero eso no es ser católico ni cumplir siquiera los mandamientos ni menos le ley natural.

Como verá, todo este problema del sacerdocio católico está desordenado, desubicado y enrarecido, cuando se mira con ojos humanos y no sobrenaturales. El sacerdocio no es una congregación de beneficencia o de filantropía masónica, sino un don divino para la santificación y salvación de los hombres. Dios no lo hubiese puesto si no fuese bueno tal como Él lo instituyo. Para entenderlo, hay que verlo como lo mira Dios y no como lo hubiera hecho yo.

Y no somos humildes ni siquiera creyentes, si no lo aceptamos como Él nos lo dió.

Recomendamos leer la Enciclica “Sacra Virginitas” de S.S. Pio XII