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martes, 7 de octubre de 2014

Victoria contra los musulmanes, Fiesta de Nuestra Señora del Santísimo Rosario

HISTORIA DE LA FIESTA. — La fiesta del Rosario la instituyó San Pío V en recuerdo de la victoria de Lepanto sobre los turcos. Ya se sabe que, en el siglo XVI, los discípulos de Mahomet, después de apoderarse de Constantinopla, de Belgrado y de Rodas, pusieron en peligro serio a toda la cristiandad. El Papa San Pío V, aliado del Rey de España Felipe II y de la República de Venecia, les declaró la guerra. Don Juan de Austria, que llevaba el mando de la flota, recibió órdenes de trabar batalla lo más pronto posible y, por eso, al saber que la flota turca se encontraba en el golfo de Lepanto, fue allí a atacarla. El encuentro ocurrió el 7 de octubre de 1571, junto a las islas de Corfú (Equinadas). En aquel instante, en todo el mundo las cofradías del Rosario oraban con confianza. Los soldados de D. Juan se pusieron de rodillas para implorar el auxilio del cielo y, aunque eran muchos menos,  empezaron el combate. Después de una lucha terrible de cuatro horas, de trescientos barcos enemigos, sólo cuarenta pudieron huir; los demás fueron hundidos y 40.000 turcos encontraron la muerte. Europa se había salvado.
  Al mismo tiempo y conforme se iban desarrollando estos sucesos, San Pío V tuvo la visión
de la victoria; se arrodilló para dar gracias a Dios y determinó que en lo sucesivo, el 7 de octubre se celebrase una fiesta en honor de Nuestra Señora de la Victoria, cuyo título fue cambiado por Gregorio XIII en este otro de Nuestra Señora del Rosario.


EL ROSARIO.— Si la costumbre de recitar Padrenuestros y Avemarias remonta a remotísima' antigüedad, la oración meditada del Rosario tal como hoy la tenemos, se atribuye a Santo Domingo. Es cierto, al menos, que él y sus hijos trabajaron mucho en propagarle y de él hicieron su arma principal en la lucha contra los herejes Albigenses, que en el siglo XIII infectaban el sur de Francia.
   Tiene por fin su práctica hacer revivir en nuestras almas los misterios de nuestra salvación
acompañando la meditación de los mismos con la recitación de decenas de Ave Marías, precedidas del Padre nuestro y seguidas .del Gloria, al Padre. A primera vista, la recitación de tantas Ave Marías puede parecer monótona, pero en realidad, con un poco de atención y costumbre, la meditación siempre nueva y más honda de los misterios de nuestra salvación da variedad y abundancia. De todos modos se puede decir sin exageración que en el Rosario se encuentra toda la Religión y como un resumen de todo el cristianismo:

   el Rosario es el resumen de la fe: es decir, de las verdades que tenemos que creer; el Rosario
nos las presenta de una forma sensible y viva, y a la exposición de esas verdades junta la
oración en que se implora la gracia de comprenderlas mejor para gustarlas más todavía;
   el Rosario es el resumen de la Moral: pues toda la Moral se resume en seguir e imitar a Aquel que es "el Camino, la Verdad y la Vida". Ahora bien,, precisamente por. la oración del Rosario obtenemos, de María la gracia y la fuerza de imitar a su divina Hijo;
   el Rosario es el resumen del culto: porque, uniéndonos a Cristo en. los misterios meditados,
tributamos al Padre; la adoración en espíritu y en verdad que espera de nosotros; y nos unimos a Jesús y a María para pedir con Ellos y por Ellos las gracias de que tenemos necesidad; finalmente,.

   el Rosario nutre las virtudes teologales y nos ayuda a intensificar nuestra caridad  fortaleciendo las virtudes de esperanza y de fe, pues, "por la meditación frecuente de estos misterios, el alma se inflama de amor y de agradecimiento por las pruebas de dilección que Dios nos ha dado; desea con ansia la recompensa celestial que Jesucristo ganó para los que se unan a El imitando sus ejemplos y participando de sus dolores. Durante este rezo la oración se expresa con palabras que vienen del mismo Dios del Arcángel Gabriel y de la Iglesia; está lleno de alabanzas y de saludables peticiones; se renueva y se prolonga en un orden determinado y variado a la vez; produce frutos de piedad siempre nuevos y siempre dulces" (Encícl. Octobri mense, 22 de septiembre de 1891)

PLEGARIA A NUESTRA SEÑORA DEL ROSARIO.
   Te saludo, María, en la suavidad de tus misterios gozosos, y primeramente en la santa Encarnación, que te hizo Madre de mi Salvador y Madre de mi alma, y te doy gracias por la dulce
claridad que has traído al mundo.
   ¡Oh Nuestra Señora de la alegría! Enséñanos las virtudes que hacen mansos los corazones
y haz que, en este mundo, donde abundan los dolores, caminen tus hijos en la luz de Dios
para que, cogidos de tu mano maternal, logren alcanzar y poseer un día de modo completo el
término con que los sostiene tu corazón, es decir, el Hijo de tu amor, Jesucristo Señor Nuestro.
   Te saludo María, Madre de los Dolores, en los misterios de más amor, en la Pasión y en
la muerte de mi Señor Jesucristo; y, juntando mis lágrimas con las tuyas, querría amarte tanto,
que mi corazón, traspasado con el tuyo por los clavos que desgarraron a mi Salvador, sangrase
con la misma sangre de los Corazones sagrados del Hijo y de la Madre. Y te bendigo, oh
Madre del Redentor y Corredentora, en el rojizo esplendor del Amor crucificado, te bendigo
por este sacrificio, que ya antes aceptaste en el Templo y que hoy consumas, ofreciendo en
perfecto holocausto a la justicia de Dios a ese Hijo de tu cariño y de tu virginidad. Te bendigo
por la sangre preciosa que ahora corre para lavar los pecados de los hombres, la cual tuvo su
origen en tu Corazón purísimo; y te ruego, oh Madre, que me lleves a las cumbres del amor
a que sólo se puede llegar mediante una intima unión con la Pasión y con la muerte de nuestro
muy amado Señor Jesús.
   Te saludo, oh María, en la gloria de tu Majestad Real. Los dolores de la tierra han dado paso a los goces infinitos, y su púrpura de sangre te ha tejido el manto maravilloso que conviene a la Madre del Rey de reyes y a la Reina de los Ángeles. En el esplendor de tus triunfos, Señora digna de nuestro amor, permíteme simplemente levantar mis ojos hacia ti. Mejor que las palabras, te dirán ellos el amor de este hijo tuyo y las ansias que tiene de pasar su eternidad mirándote con Jesús, porque eres bella y eres buena, ¡oh Clementísima, oh Piadosa, oh Dulce Virgen María!



viernes, 19 de junio de 2009

Sagrado Corazón de Jesús


Acto de Reparacion al Corazon Sacratisimo de Jesus

¡Dulcísimo Jesús, cuyo inmenso amor a los hombres no ha recibido en pago, de los ingratos, más que olvido, negligencia y menosprecio! vednos postrados ante vuestro altar, para reparar con especiales homenajes de honor la frialdad indigna de los hombres y las injurias que en todas partes hieren vuestro amantísimo Corazón.
Mas. recordando que también nosotros alguna vez nos manchamos con tal indignidad, de la cual nos dolemos ahora vivamente, deseamos ante todo obtener para nuestras almas vuestra divina misericordia, dispuestos a reparar con voluntaria expiación no sólo nuestros propios pecados, sino también los de aquellos que, alejados del camino de la salvación y obstinados en su infidelidad, o no quieren seguiros como Pastor y Guía, o, conculcando las promesas del bautismo, han sacudido el suavísimo yugo de vuestra ley.
Nosotros queremos expiar tan abominables pecados, especialmente la inmodestia y deshonestidad de la vida y de los vestidos, las innumerables asechanzas tendidas contra las almas inocentes, la profanación de los días festivos, las execrables injurias proferidas contra Vos y contra vuestros Santos, los insultos dirigidos a vuestro Vicario y al Orden Sacerdotal, las negligencias y horribles sacrilegios con que es profanado el mismo Sacramento del Amor y, en fin, los públicos pecados de las naciones que ponen obstáculos al magisterio de la Iglesia por Vos fundada.
¡Ojalá que nos fuera dado lavar tantos crímenes, con nuestra propia sangre! Mas, entre tanto, como reparación del honor divino conculcado, uniéndola con la expiación de la Virgen, nuestra Madre, de los Santos y de las almas buenas, os ofrecemos la satisfacción que Vos mismo ofrecisteis un día sobre la Cruz al eterno Padre y que diariamente se renueva en nuestros altares, prometiendo de todo corazón que, en cuanto nos sea posible y con el auxilio de vuestra gracia, repararemos los pecados propios y ajenos y la indiferencia de las almas hacia vuestro amor, oponiendo la firmeza de la fe, la inocencia de la vida, y la observancia perfecta de la ley evangélica, sobre todo de la caridad, mientras nos esforzamos además por impedir que seáis injuriado y por atraer a cuantos podamos para que vayan en vuestro seguimiento. ¡Oh benignísimo Jesús! por intercesión de la Santísima Virgen María Reparadora, os suplicamos que recibáis este voluntario acto de reparación, concedednos que seamos fieles a vuestros mandamientos y a vuestro servicio hasta la muerte y otorgadnos el don de la perseverancia final, con el cual lleguemos felizmente a la gloria, donde, en unión del Padre y del Espíritu Santo, vivís y reináis, Dios por todos los siglos. Amén.

domingo, 7 de junio de 2009

El Celibato...


El sacerdote Catolico no renuncia a amar. Más bien para poder amar a Dios con toda su vida renuncia a formar una familia.

1) El celibato sacerdotal es una tradición de la Iglesia de origen divino, es decir, inaugurada por Cristo mismo al fundar la Iglesia; la cual, como Cuerpo Místico, sigue esta tradición como consejo evangélico y no como obligación. San Pablo lo reitera diciendo: "El que no pueda aguantar, que se case" o "es preferible casarse que abrasarse" (no hay error de ortografía), luego de recomendar como más perfecto el estado célibe. El fundamento evidente es la vida misma de N. S. Jesucristo, que vivió célibe. ¿Esto es para todos? Ni soñando. Es para aquellos que son llamados por Dios a ese estado, que no son todos. Debe saberse, por fin, que lo que es más perfecto es el estado, no la persona. ¿Es más perfecto el que es célibe que el que se casa? No, el estado es más perfecto; y podría ser que finalmente, él también lo fuese. Pero cada cual puede alcanzar la perfección en el estado que tiene, es decir, santificarse.

2) El celibato no es preceptivo ni obligatorio, como lo prueba la infinidad de casados católicos —casi los únicos que quedan casados hoy día. Ahora que, si uno siente el llamado de Dios al sacerdocio o la vida consagrada, el celibato se convierte en el sello carnal de pertenencia a la Divina Trinidad. No es pues del orden de la naturaleza el estado célibe, como Ud. bien dice y reitera: bien que hizo Dios al hombre como Varón y Mujer, y la bondad de la Creación se ratifica y sana del Pecado original, con la Institución del sacramento del Matrimonio por Cristo, por lo cual, el mismo San Pablo, lo llama "Sacramento grande", lo que no dice de ningún otro. Lo importante es que el celibato es no una condición ni una imposición ni, mucho menos, un desmedro del matrimonio, sino un sello sobrenatural impreso por Dios en la misma carne, con el cual queda señalado singularmente aquél que ha aceptado el llamado de Dios. Luego: el celibato, su fuerza, viene de Dios, no de los hombres.

Piense que, como decían los juristas romanos "nadie da lo que no tiene". Así si el sacerdote da algo, y algo bueno, es porque lo tiene, y lo tiene por que lo recibe de Dios, por que lo que él da, es vida divina. Pero para eso, debe pertenecerle a Dios.

Es impropio desligar el celibato de la vida sacerdotal ordenada, por que esa misma condición sagrada impone de suyo una separación de las cosas del mundo y una configuración más perfecta y acabada a Cristo Sacerdote, Cuyas divinas manos y voz operan por medio del sacerdote ordenado.

3) Lo que se da en "las otras religiones" que los “Ministros de Asambleas” se casen y formen familia, es insubstancial y nada concluye ("de principios distintos, se siguen consecuencias distintas"), porque no son religiones verdaderas y no son Iglesia como tal; de consiguiente, al no tener dones divino para administrar y repartir, no tienen sacerdocio verdadero ordenado o sacramental, sino un ministerio cultural o regimental si prefiere, pero nunca, verdadero sacerdocio santificador, como lo tenemos los católicos, por Gracia de Dios. La Iglesia es Cuerpo Místico de Cristo y por medio del sacerdocio ordenado, se introduce al bautizado en la vida Trinitaria, es decir, en la vida divina, se lo "diviniza", escriben algunos doctores. Eso no pasa en las otras religiones, que son en todo caso desprendimientos heréticos, secos y flacos, del catolicismo (como el Islam y el protestantismo: "catolicismo sin misterios", decía de Joseph de Maistre) o bien, éticas naturalistas sin ambiciones sobrenaturales, como el budismo. En suma: si el sacerdote, en el catolismo, es "otro Cristo" y actúa in persona Christi, se comprende que deba parecérsele todo cuanto le sea posible sin morir. Y a veces cuando hace falta, muriendo nomás: como los mártires, que mueren totalmente; o los célibes, que mueren en parte al mundo para asemejarse a Cristo.

4) No se crea que el celibato es instaurado en el Concilio de Trento. El celibato es regulado en Trento, por que era tradición de la Iglesia desde su mismísima cuna. Les sugiero estudiar un poco el problema y confrontar los antecedentes históricos. De todas maneras, como todos los consejos evangélicos, se han ido imponiendo gradualmente en la Iglesia y la sanción legal ha sido una consecuencia de la tradición, y no a la inversa .... hasta hace poco por lo menos.

5) El sacerdocio femenino es sencillamente imposible. Metafísicamente imposible. La supuesta ordenación de una mujer sería sin ningún efecto, al igual que la de un ángel, por que no existiría "materia apta"; de modo tal que, si por hipótesis se autorizase la ordenación de ángeles o de mujeres (¿qué diferencia hay entre ellos?), no serviría para nada. ¿Por que? Por que Dios mismo eligió y prefirió a los varones para ser sus apóstoles, y no mujeres Se refiere a veces que los protestantes tienen sus "sacerdotisas" y es verdad, pero explíqueme primero cómo se puede seguir llamando "cristiano" un supuesto movimiento religioso que desafía abiertamente las decisiones de su Divino Fundador, reformándolas y poniéndose, en consecuencia, por encima de Él. Ellos, que por mil motivos que no vienen aquí a cuento pierden año tras año prosélitos y adherentes (y a nosotros nos está pasando lo mismo) han preferido dar una respuesta "marketinera" y comercial a esta emergencia, a ver si captan un poco más de clientela. La religión empero, no es cuestión de clientela sino un negocio de salvación eterna.

San Pedro y san Pablo dicen, más o menos, esto: "la mujer está hecha para el varón, el varón para Cristo y Cristo es de Dios". Siguen aquí la doctrina recibida de Cristo mismo y el Génesis, donde se narra que Dios crea la mujer para acompañar al varón, en quien deposita a todo el género humano "in fieri". El hombre es, pues, para Dios, y la mujer para el varón.

—¡No me gusta, es machista ...!

Y bueno, será, pero es así. En realidad, lo de "machista" es una simpleza, una tontería y una vulgaridad, por que los seres humanos no somos "machos" y "hembras" sino varones y mujeres. No vivimos en pareja sino en Santo Matrimonio o bien, amancebados o en concubinato (palabras todas ellas fuertes, empezando por Matrimonio, pero ciertas). Es decir: tenemos vida moral y eso hace que nuestras condiciones y nuestros actos sean totalmente diferentes a los de los animales y merezcan una calificación más dura, cuando son reprochables. Uno no le anda dando discursos a su perro sobre el 6º mandamiento cuando sale de farra con las perritas del barrio; pero a su hijo, si no lo sermonea con rudeza, capaz que se va al infierno por pecar gravemente de omisión.

Luego, resulta que la afirmación del párrafo anterior no es "machista" sino ... jerárquica. La Iglesia es jerárquica. La Creación es más jerárquica todavía, como se sabe y, en parte, queda dicho. Luzbel no quiso servir a un Hijo de Hombre y, por eso, gritó, para toda la eternidad: "¡no serviré!" (¡....para nada!, agregaron los angelitos culiformes desde el techo decorado de una farmacia) y, en cierto modo, reclamaba que la Creación tenía una jerarquía que Dios no estaba respetando. ¡Faltarle así el respeto a él, que era todo un angelote importantísimo, igualito en dignidá a cualquier otro y, mejor todavía que cualquier otro! Y resulta que la Segunda Persona de la Ssma. Trinidad, ante la cual debía doblar su rodilla toda potencia en el Cielo la Tierra y los Avernos ... ¡era un hombre cualquiera, un hombre ... ni siquiera un ángel!

Los ángeles, y no solamente los demonios, tendrían derecho a quejarse ante el Trono del Altísimo por esta violación a su dignidad angelical. Un ser humano puede confeccionar el Santísimo Sacramento, es decir, convertir un pedacito de pan ázimo en Dios Uno y Trino y darlo a comer a sus semejantes, o absolver de las penas eternas o elevar un hombre a la condición de Dios ¡y ellos se tienen que quedar ahí, mirando y adorando! Y todo por que Cristo es hombre.

Y además, era varón. Y lo es por toda la Eternidad. Pero los ángeles no se quejan; y las mujeres santas, como la Mamá de Nuestro Señor, tampoco.

Acá es lo mismo, si me permite la comparación. Y donde hay jerarquía, en teoría, no debería haber envidia ni deseos inmoderados, por que no debería haber supremacía ni servidumbre sino servicio y sacrificio: la jerarquía está puesta por Dios para mi bien, no para mi envidia; y el puesto en la "cadena" lo designa Dios, siendo así el sacerdocio destinado para los que Él elije y llama: "Vosotros no me habéis elegido a mí: yo os he llamado a vosotros" se dice en San Juan 15, 16. Y esto lo afirma Jesús la noche que instituye el sacerdocio ordenado, la santa Misa y el episcopado. La Iglesia, por tanto, puede predicar el Evangelio; no reformarlo.

Esa noche estaban allí los Doce con Él. Ni su Madre, nuestra Mamá del Cielo, estuvo invitada a la Primera Misa, según parece. Tampoco Nuestro Señor la hizo sacerdotisa y en toda la vida pública de Jesús no pronuncia otras palabras que éstas: "haced lo que Él os diga". María Santísima es presentadora de la obra del Redentor, pero no sacerdotisa. No obra por Él sino para Él.

Me parece que vale la pena tener claro el ejemplo.

Siguiendo un texto paulino, le diría que cuando una mujer (o un varón sin vocación real) quiere el sacerdocio ordenado, igualmente quiere una cosa buena, lo cual no es necesariamente un acto moral bueno si se quiere con un fin distinto al que Dios le dió al instituirlo. Y al contrario, al quererse una cosa buena con desorden, se la pervierte y se peca gravemente, porque la gravedad del pecado, está también dada por la jerarquía del bien que se impide o se viola. ¡Jerarquía, jerarquía ...! ¡basta!

Sería un apetito inmoderado querer una cosa buena que no está a nuestro alcance o no nos corresponde o tener o pedir, y en esto, hay siempre falta grave. Como la habría proporcionalmente en la jerarquía eclesiástica si consintiese en darlo, pues de esta forma traicionaría el mandato del Divino Fundador por mera demagogia, además de engañar al pretencioso con una dádiva vana y sin sentido.

6) La sexualidad tiene un fin específico que es la fecundidad, la fecundidad, la perpetuación de la especie, y la perpetuación de la especie, que ya es una cosa buena en sí misma y un señor fin, se remite al cumplimiento del mandato divino "Creced y multiplicáos". Todo muy jerárquico. Cuando hay sexualidad (deberíamos llamarla con su nombre propio: genitalidad) deben estar presentes todos los fines, al menos en la intención inicial, aunque no hace falta que estén permanentemente en la conciencia, por que el hombre es una unidad moral y no se puede fraccionarlo, ni siquiera de la cintura para abajo. La "dimensión" satisfactiva o sedativa del sexo, que no es desdeñable y es un fin lícito, debe darse siempre dentro del Matrimonio, como manda la Iglesia y dispuso Cristo mismo y explicó como pudo San Pablo —que decía sufrir un aguijón en su carne que no sabemos qué era y que le producía padecimientos enormes.

Por lo tanto, la idea degradada de la sexualidad la tienen quienes la desgajan de su fin, altísimo si lo hay en este mundo, de perpetuar la especie y cumplir un mandato divino, para rebajarla a un pasatiempo placentero e irresponsable. No hablo del "amor" por es una palabra demasiado recorrida en los sermones dominicales sin ningún rigor y con un hastío que ya pesa; pero cuando se cumplen los mandamientos se ama a Dios, dice Su Hijo. Un sacerdote, que libremente dió promesa de celibato, y una mujer, que sabe que anda pololeando con un hombre consagrado al Sacerdocio, no tiene auténtico "amor" sino una pasión desordenada, y no deben ser felicitados sino amonestados, a menos que Ud. prefiera que se vayan los dos al infierno por no decirles nada ahora, que todavía están a tiempo. Ahora bien: si no se cree que se irían al Infierno, no hablemos más: no es ser católico ni respetar el sacrificio de la Cruz, ofrecido por Cristo al Padre para el perdón de nuestros pecados y nuestra salvación. Y si se piensa que los pecados no llevan al infierno, entonces s ¡Cristo murió en vano!?

La "sexualidad" es divertidísima cuando se hace sin responsabilidad y conciencia, como todo lo demás; igual que el robo (¡llegaría fácil a fin de mes, a fin de año, a fin ... de cuentas!), ¡el adulterio...! ni hablar. Y una mentirita de vez en cuando, es descontracturante... y me salvaría de cargar con la vergüenza de todo lo demás.

Pero eso no es ser católico ni cumplir siquiera los mandamientos ni menos le ley natural.

Como verá, todo este problema del sacerdocio católico está desordenado, desubicado y enrarecido, cuando se mira con ojos humanos y no sobrenaturales. El sacerdocio no es una congregación de beneficencia o de filantropía masónica, sino un don divino para la santificación y salvación de los hombres. Dios no lo hubiese puesto si no fuese bueno tal como Él lo instituyo. Para entenderlo, hay que verlo como lo mira Dios y no como lo hubiera hecho yo.

Y no somos humildes ni siquiera creyentes, si no lo aceptamos como Él nos lo dió.

Recomendamos leer la Enciclica “Sacra Virginitas” de S.S. Pio XII


miércoles, 6 de mayo de 2009

San Pio V Papa y Confesor

Miguel Ghislieri nació en 1504, en la diócesis de Tortona. Ingresó a los 14 años en la Orden de Predicadores y le envía a la Universidad de Bolonia, para estudiar teología, enseñándola luego él, durante 16 años. Fue nombrado Inquisidor y Comisario General del Santo Oficio en 1551; cargo que le creó muchas persecuciones, pero que le permitió atraer muchos herejes a la verdad católica. Sus virtudes le valieron para que Paulo IV le eligiese para las sedes episcopales de Nepi y de Sutri, y después para el cardenalato. Los honores no modificaron en nada la austeridad de su vida, y el 7 de enero de 1566 fue elegido Papa tomando el nombre de Pio V. Debía ilustrar la sede de San Pedro por su celo en la propagación de la Fe, el restablecimiento de la disciplina eclesiástica y la solemnidad del culto divino, así como su devoción para con Nuestra Señora y su caridad para con los pobres. Reunió contra los turcos una flota que ganó la Batalla de Lepanto, y preparaba una nueva expedición cuando murió en 1572. Su cuerpo fue sepultado en Santa María la Mayor.
Por revelación conoció la victoria obtenida contra los turcos en Lepanto. En esta memorable ocasión fue cuando mandó añadir a las letanías de la Virgen, la invocación: Auxilio de los cristianos, ruega por nosotros.
En la tarde del 7 de octubre de 1571 paseàbase San Pio V por una cámara del
Vaticano oyendo la relación que le hacía su tesorero Mons. Bosutti de Bibiana de
varios asuntos confiados a su cargo; padecía el santo anciano horrendos ataques
de piedra, y como le arreciase de ordinario el mal estando sentado, solía
recibir y despachar las mas de las veces de pie o paseando. Detúvose de repente
el Papa en mitad de la estancia y alargó el cuello en la actitud del que
escucha, haciendo al mismo tiempo a Busotti señal de que callase. Acercase
después de breve rato a una ventana y abrióla de par en par asomándose a ella
siempre en silencio y en la misma actitud escudriñadora. Mirábalo asombrado
Busotti, y su extrañeza se convirtió en pavor al ver que el rostro del anciano
Pontífice se transfiguraba de repente, que sus llorosos ojos azules se volvían
al cielo con expresión inefable, y que sus manos juntas se elevaban, ligeramente
temblorosas: erizáronsele los cabellos a Busotti comprendiendo que sucedía allí
algo sobrenatural y divino, y así permaneció más de tres minutos, según depuso
después con juramento el mismo tesorero. Arrancase al cabo de éstos el Papa de
su arrobamiento, y con el rostro radiante de júbilo dijo a Busotti: No es hora
de tratar negocios... Demos gracias a Dios por la victoria alcanzada sobre los
turcos...
Y retiróse a su oratorio, dice Busotti, dando tropiezos y
saliéndole de la frente lumbres muy bellas. Apresurose el tesorero a dar cuenta
de lo que sucedía a varios prelados y cardenales, y mandaron estos al punto
extender acta de todo ello, marcando las circunstancias de lugar y tiempo, y
depositarla sellada en casa de un notario. El 26 de octubre llegó a Roma un
mensajero del Dux de Venecia, Mocénigo, para anunciar al Papa la victoria de
Lepanto, y tres o cuatro dias después llegó también el Conde de Priego, enviado
por Don Juan de Austria, para darle cuenta de todas las circunstancias de la
batalla. Hízose entonces el cómputo de horas según los diversos meridianos de
Roma y las islas Curzolari, y resultó que la visión del Papa anunciándole el
triunfo de Lepanto, tuvo lugar en el momento en que saltaba D. Juan de Austria
del estanterol con la espada en la mano para rechazar a los turcos que invadían
su galera, y atacaban La Sultana por el flanco y por la popa el Marquéz de Santa
Cruz y Marco Antonio Colonna. Dióse entonces a este suceso grande importancia, y
figuró mas tarde con todas sus pruebas y documentos en el proceso de
canonización de San Pio V, de donde lo tomamos nosotros.” (Luis Coloma
S.J.)
Los trabajos de San Pio V en la lucha contra la herejía, por la mejora
de las costumbres cristianas, la imposición de la disciplina del Concilio de
Trento, la publicación del Breviario y del Misal Romano, han hecho de sus seis
años de pntificado una de las más fecundas épocas de la historia de la
Iglesia.
En el lecho de muerte invocó a Dios con estas palabras que hoy nos
protegen desde el cielo contra quienes acechan la salvación de las almas con la
herejía: “Creador de los hombres, dígnate preservar a tu pueblo de los asaltos
de la muerte en estos días de alegría pascual.
ORACIÓN
Oh Dios, que para destruir a los enemigos de la Iglesia y restaurar el culto divino, elevasteis al bien aventurado Pío al sumo pontificado, haced que protegidos por su intercesión, de tal modo nos adhiramos a vuestro servicio que, triunfando de las emboscadas de todos nuestros enemigos, gocemos de inalterable paz. Por J. C. N. S. Amén.

jueves, 12 de marzo de 2009

Para comprender la Santa Misa





























“Así como la naturaleza humana, dice el Concilio de Trento, no se eleva con facilidad a la meditación de las cosas divinas sin algún auxilio exterior, así también nuestra piadosa Madre la Iglesia, conformándose con la disciplina y la Tradición de los apóstoles, ha establecido ciertos ritos, es a saber, que algunas cosas de la Misa se pronuncien en voz baja, y otras con voz mas elevada. Además de esto ha empleado ciertas ceremonias: bendiciones, luces, incienso, ornamentos sacerdotales y otros medios para realzar la Majestad del divino Sacrificio y para excitar a los fieles, por estos signos exteriores de la religión y de piedad, a levantar su espíritu a la contemplación de los sublimes misterios en ellos escondidos”
(De sacrificio Missae, Ses. XXII, Cap. V)

Tratemos pues de penetrar en el sentido sobrenatural de lo que se dice y se hace en el altar durante la celebración de la Santa Misa, por ser ella el centro y alma de toda acción católica, porque la Misa se identifica con el sacrificio del Calvario en el que Cristo padeciendo y muriendo consumó en la Cruz el sacrificio por la redención del género humano. La Pasión y la Muerte del Señor es el centro por lo tanto de toda la economía divina y de la salud humana.

Se nos ha pedido una breve explicación sobre este divino misterio, queremos darla sin dejar de señalar los errores que se han diseminado entre los católicos, que carentes del conocimiento intrínseco de este misterio, con facilidad son llevados con explicaciones espurias y sensibleras a despojarse de sus frutos y riquezas, y peor aún a contribuir a su destrucción, aceptando como católica una parodia de misa al mejor tenor protestante, sin sacrificio, sin sacerdocio, sin presencia divina. De aquí que realcemos su intima conexión con la Tradición y la doctrina transmitida por los apóstoles.

“El sacerdocio de Cristo, dice el Concilio de Trento, no debía terminar con su muerte. Por eso en la Última Cena, en la noche en que fue entregado, dejó a la Iglesia, su Esposa muy amada, un sacrificio visible como convenía a nuestra naturaleza: sacrificio que representaría el sacrificio cruento que en la Cruz iba a cumplirse, que perpetuaría su recuerdo hasta el fin de los tiempos, aplicándonos su virtud de salvación en remisión de nuestros pecados que cada día cometemos. En el sacrificio divino, que en la misa se realiza, está contenido e inmolado (y por ende ofrecido) de una manera incruenta el mismo Jesucristo, que de un modo cruento se ofreció Él mismo en el ara de la Cruz. Este sacrificio es, por consiguiente, un verdadero sacrificio propiciatorio” Conc. De Trento Ses. XXII).

La asistencia a la Santa Misa es la unión a Jesucristo que ofrece a Dios, por el ministerio del sacerdote, su misma Sangre que derramó en la Cruz; es la participación del Sacrificio del Calvario continuado por el mismo Sumo Pontífice (Jesucristo) que se ofrece como la misma y única Víctima cuya oblación solamente es agradable a Dios.

Siendo entonces el Sacrificio de la Misa y el Sacrificio del Gólgota esencialmente “unum atque idem sacrificium” (uno y el mismo sacrificio) ¿Quién no ve la importancia suma de su celebración, del respeto y reverencia en que se la debe tener o de la asistencia a tan grande Sacrificio, con la determinada voluntad de participar en sus beneficios lo mas posible? “El hombre no puede realizar una acción más santa, más grande, más sublime que celebrar una Misa, a cuyo respecto el Concilio de Trento dice: Estamos obligados a reconocer, dice el mismo Concilio, que los cristianos no pueden hacer nada más santo ni más agradable a Dios que participar en los divinos misterios en los cuales la Víctima vivificadora que nos reconcilia con Dios Padre, se inmola diariamente sobre nuestros altares en manos del sacerdote” (S. Alfonso Maria de Ligorio).

El Santo Cura de Ars nos dice, «Todas las buenas obras juntas no son de igual valor que el Sacrificio de la Misa porque ellas son las obras del hombre, y la Santa Misa es la obra de Dios»

De aquí que el enemigo de la Iglesia y de la salvación de las almas busque con tanto afán despojarnos de este Sacrificio benéfico. Escuchemos lo que al respecto dice S. Alfonso María de Ligorio:
“El diablo siempre ha intentado, por medio de los herejes, privar al mundo de la Misa, haciéndoles los precursores del Anticristo quien, antes que nada, intentará abolir y abolirá efectivamente el Santo Sacrificio del Altar, como castigo de los pecados de los hombres, según la predicción de Daniel: `Y se hizo fuerza contra el Sacrificio perpetuo´. Dan. VIII,12”. (Selva).


El odio de los “reformadores” del S. XVI hacia la Misa Tradicional es bien conocido. Lutero negó repetidamente su verdadera naturaleza sacrificial y sobre todo odió el “Canon abominable en el cual la Misa se hace Sacrificio”. De hecho, llegó a decir, “yo afirmo que todos los burdeles, los asesinatos, los robos, los crímenes, los adulterios son menos inicuos que esta abominación de la Misa Papista”. Acerca del Canon o núcleo de la Misa, declaró: “Ese Canon abominable es una confluencia de albañales de aguas fangosas, que ha hecho de la Misa un sacrificio. La Misa no es un sacrificio. No es el acto de un sacerdote que sacrifica. Junto con el Canon, nosotros desechamos todo lo que implica una oblación”.
Ahora bien, pensemos un poco en lo que se realiza en las iglesias de nuestras localidades, ¿Tienen relación inequívoca con el sacrificio de la Cruz? ¿El sacerdote ocupa su lugar exclusivo como oferente del Sacrificio? ¿Al asistir a estas “misas” se conserva la conciencia general de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía? ¿El pueblo se va a su casa con la convicción de que adoró a Dios, lo tuvo frente a sí, le ofreció un sacrificio y lo encerró en su pecho al comulgar?
Alguno que tiene la oportunidad, hoy extraordinaria, de tener la misa tradicional podrá decir que si, pero me refiero a lo establecido como la manera “normal” u ordinaria de celebrar y asistir a la “misa” hoy. El fiel que sabe observar, que no tiene todavía el sentido religioso atrofiado por la prédica constante del modernismo, sabe a todas luces que no es así. Basta ver a los sacerdotes fungiendo una tarea de presidente de la asamblea, rodeado de laicos, hombres o mujeres, en el altar. Todos tienen derecho a todo, este lee el evangelio, aquella la epistola, todos hacen el ofertorio, todos distribuyen la comunión, ¿Cuál es la diferencia con el sacerdote? ¿De qué sirvió el orden sacerdotal? ¿No es mas el mediador entre Dios y el pueblo? Ah Si!. Él es el que reparte apresurado a puñadas las hostias entre los copones para que los ministros de la eucaristía repartan la comunión.!! Hay lugares en los que las religiosas han ocupado todas las funciones del sacerdote; no exageramos. En Pipinas localidad de la diócesis de La Plata, a donde ocupa el obispado un “conservador” es así. Las religiosas celebran los domingos. Si, cieramente nunca será una Misa. Ellas bautizan, ellas celebran matrimonios, se dice que les han permitido administrar la extremaunción. En fin, ¡se les ha concedido más que lo que Jesucristo concedió a su Madre, la Santísima Virgen María!.
Y si buscamos por otros lugares podemos llegar a las misas ecuménicas, a las carismáticas, y aquellas que son sazonadas con “teodanza” para que al que le aletarga la quietud de la oración pueda mantenerse despierto.
No exageraban en nada los cardenales Ottaviani y Bacci cuando escribieron a Paulo VI en septiembre de 1967, manifestándole que la “Nueva Misa” representaba, “tanto en su conjunto como en sus detalles, una notable desviación de la teología católica de la Misa, tal como fue formulada en la Sesión XXII del Concilio de Trento”. Hoy vemos sus frutos. Junto con la carta le presentaron el ahora célebre “Breve examén crítico del Novus Ordo Missae”, preparado por un grupo de teólogos, que dicho sea de paso, contó con la labor y lucidez de Monseñor Gerard des Lauriers O.P., en este estudio, además de hacer una crítica mas en detalle sobre las partes del N.O.M., dejó en claro el adagio "Lex orandi, lex credendi", la ley del orar establece la ley del creer, ya que sabemos, como lo sabían también los herejes reformadores, que el culto que se tributa a Dios expresa las creencias que tenemos de Él, de manera que modificando ese culto se puede modificar de manera sustancial la creencia o Fe que expresaba el culto establecido. De ahí que nuestros antepasados hiciesen tanto hincapié en custodiar los detalles de gestos y palabras, que inciden en los dogmas que profesamos. Igual razón y de no menor peso tiene el conservar el sentido de las palabras y expresiones, ya que sustituir palabras propias por palabras ambiguas, puede generar una ambivalencia de sentido, de manera que con la misma palabra se expresen creencias distintas. Vaya como ejemplo la expresión “de la misma naturaleza” que en algunas celebraciones de la misa nueva ocupa el lugar de la expresión “consubstancial” en el Credo, refiriéndose al dogma de la Santísima Trinidad. Ser de la misma sustancia no es lo mismo que ser de la misma naturaleza. Las tres personas de la Santísima Trinidad son una misma sustancia, decir en ese momento que son de la misma naturaleza, deja la expresión propia por una ambigua, que podría dejar abierta la posibilidad a interpretar que son tres naturalezas del mismo valor pero no una sola sustancia. Tres hombres pueden tener también la misma naturaleza, pero sería una locura decir de ellos que son consustánciales. En el caso de la expresión señalada, tiene en el fondo las miras de atenuar los dogmas católicos para que a oídos de protestantes, judíos, y demás religiones no sea molesto. Esto es esconder la cruz en el saco, como lo hacen algunos prelados cuando visitan las sinagogas, para no ofender a sus hospitalarios "amigos", así se atenuan los dogmas para entablar “diálogos” a donde solamente el católico resulta perdedor.
Siguiendo con la Carta de los cardenales, el 26 de marzo de 1970 se emitió una Instrucción General revisada para tratar de desviar las críticas, pero no se hizo ningún cambio en absoluto en el texto real del Novus Ordo Missae mismo. La confusión y ambigüedad de doctrina seguía en evidencia. Y hoy llega a puntos absurdos.
Pongamos un ejemplo más, que nos hable de la confusión que reina desde la promulgación del N.O.M. de Paulo VI. Transcribimos párrafos de la nota de presentación del episcopado argentino al intento de unificación del misal N.O.M. en 1989:
“Hasta fecha reciente existían en el área de la lengua castellana, cinco ediciones diferentes del Misal Romano, una de ellas producida en la Argentina. Ante esa realidad las Conferencias Episcopales de lengua castellana se propusieron armonizar un texto único en castellano del Ordinario de la Misa y las plegarias eucarísticas, el que fue preparado por expertos de los distintos países a través de reuniones y consultas. Finalmente la versión unificada de la lengua española fue promulgada por la Congregación para el Culto Divino el 16 de julio de 1987 El Episcopado argentino decidió, en abril de 1989, que el nuevo texto unificado se utilizará a partir del primer domingo de Adviento de ese año, esperando conseguir frutos de mayor participación y orden en las celebraciones. De esta manera nuestro país se adelanta al uso de esta versión española única, que será obligatoria desde 1992 ".
Señalamos las fechas a propósito, haciendo notar la cantidad de años que sin mayor preocupación se sigue en confusión, ¿Es la forma de tratar el Sacrificio del Hijo de Dios? Y agrega la misma nota:
“Próximamente entrará en vigencia en la Argentina el texto unificado en lengua castellana del Ordinario de la Misa, de las Plegarias eucarísticas y de otros textos alternativos. Y antes de comenzar el tiempo de Cuaresma del año 1992, cuando celebremos el V Centenario del descubrimiento y del comienzo de la Evangelización de América, todos los fieles católicos de habla castellana participaremos de la Santa Misa y rezaremos el Padrenuestro no sólo en la misma lengua, sino también con las mismas fórmulas y palabras.(¡¡!!) Es un acontecimiento de significación para la Iglesia en los países hispanoparlantes. En los textos unificados podremos captar mejor la unidad de fe, que se expresa en una misma y única liturgia(¡¡!!) eucarística. Es esta una ocasión propicia para que los sacerdotes, los miembros de los equipos de liturgia, los colaboradores de nuestras celebraciones, y todos los miembros del Pueblo de Dios puedan profundizar en el contenido y en el espíritu del Ordinario de la Misa y en sus Plegarias eucarísticas.”
Se puede uno preguntar ¿Qué había pasado hasta entonces? ¿Alguien comprendía el sentido de la liturgia? ¿Acaso esta unificación tanto en las palabras, el idioma, el sentido y sobre todo la Fe que no cambia, no sabían que ya se había logrado con la liturgia del Misal de San Pio V? Además esto no sucedía solamente con los hispanoparlantes sino con todo catolicopensante que habitaba la tierra. ¡Lo expresan como un logro de una liturgia que no a traído sino confusión, de palabras, sentido y Fe! ¡Que desfachatez!
En fin sabemos por la experiencia actual que la confusión continua, que no existe una liturgia uniforme y comprensible por naturaleza como la liturgia del Misal de San Pio V, la Misa llamada Tridentina.
En razón de la extensión de este trabajo preferimos dejar para más adelante la exposición sobre el lenguaje, la precisión del sentido, la belleza de las formas y su conexión exclusiva con la doctrina católica y cómo es que con la liturgia nueva se deslizó en la Iglesia una doctrina nueva absolutamente contraria a su fin.
Dios les bendiga.
R.P. Hugo Esquives.

martes, 24 de febrero de 2009

Miercoles de Ceniza

Estacion Santa Sabina - Ornamentos Dorados


A imitación de los Ninivitas, los cuales hicieron penitencia bajo la ceniza y el cilicio, la Iglesia, para domar nuestro orgullo y recordarnos la sentencia de muerte que sobre nosotros recae en pena del pecado1, pone hoy ceniza sobre nuestras cabezas, diciendo: «Acuérdate, hombre, de que eres polvo y al polvo has de volver». Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. Los cristianos que habían cometido algún pecado grave y público debían también someterse a pública penitencia, y para eso, el Miércoles de Ceniza, el Pontífice bendecía los cilicios que los penitentes iban a llevar puestos durante toda la Santa Cuarentena, y les imponía la ceniza sacada de las palmas que habían servido el año anterior para la procesión de los Ramos. Luego, mientras los fieles rezaban los Salmos penitenciales, se «expulsaba a los penitentes del lugar santo, por causa de sus pecados, como había sido arrojado Adán del Paraíso por su desobediencia» (Pontifical). Los penitentes no dejaban sus vestidos de penitencia, ni entraban en la iglesia hasta el Jueves Santo, después de haber sido reconciliados por los trabajos de la penitencia cuaresmal y por la confesión y absolución sacramentales.
El Papa Urbano VI, en el Concilio de Benevento (1091) mandó que la ceniza fuese impuesta también a los simples fieles porque «Dios perdona los pecados a los que de ellos se duelen» (Introito). «Es rico en misericordias para con los que a Él se vuelven de todo corazón por el ayuno, las lágrimas y gemidos» (Epístola). Y no hemos de desgarrar nuestros vestidos en señal de dolor, cual lo hacían los Fariseos, sino nuestros corazones (Epístola).
«Saquemos de la Eucaristía el auxilio de que hemos menester» (Poscomunión), a fin de que, «celebrando hoy la apertura solemne del ayuno sagrado» (Secreta), «terminemos la carrera con una devoción que nada sea capaz de turbar» (Or.).
Fuente: Misal Diario - Dom. Gaspar Lefebvre, O.S.B.

La liturgia de este día es doble: imposición de la ceniza(1) y sacrificio eucarístico. Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. La ceniza se imponía en la iglesia de la Colecta o reunión, es decir, la de Santa Anastasia; el sacrificio se celebraba en la iglesia de la Estación, la de Santa Sabina, que se alzaba en el Aventino, Llevando la ceniza sobre sus cabezas, el Papa y los cristianos de Roma iban desde Santa Anastasia hasta Santa Sabina, con los pies descalzos, implorando misericordia, para empezar los ejercicios de la milicia cristiana con el santo ayuno de la Cuaresma y para luchar contra los espíritus del mal con las armas de la abstinencia. (Bendición de las cenizas). Es un resto de la penitencia pública a que se sometía a los pecadores en los primeros siglos. Antes de ser apartado de los fieles, el pecador era salpicado con ceniza, símbolo de penitencia, y vestido con el humilde hábito penitencial. Al suprimirse el uso de la penitencia pública, alrededor del año 1000, la ceremonia se extendió a todos los cristianos. Todo cristiano fervoroso debe presentarse con humildad y espíritu de penitencia a recibir la ceniza y a escuchar las graves palabras que pronuncia el sacerdote al imponerla: «Acuérdate, hombre, que eres polvo y al polvo has de volver». Los textos de la Misa están inspirados todos en esta idea de la penitencia. Dios es siempre misericordioso para con todos los que se convierten a Él. (Introito); pero importa rasgar los corazones más que los vestidos (Epístola). El que ayune generosamente, no por agradar a los hombres (Evangelio); el que reciba con la debida piedad las venerables solemnidades del ayuno (Oración), ese podrá cantar: «Te exaltaré, Señor, porque me recibiste y no alegraste a mis enemigos sobre mí. Clamé a Ti y me sanaste» (Ofertorio).
La liturgia de este día es doble: imposición de la ceniza
(1) y sacrificio eucarístico. Tenemos ahí el vestigio de una antigua ceremonia. La ceniza se imponía en la iglesia de la Colecta o reunión, es decir, la de Santa Anastasia; el sacrificio se celebraba en la iglesia de la Estación, la de Santa Sabina, que se alzaba en el Aventino, Llevando la ceniza sobre sus cabezas, el Papa y los cristianos de Roma iban desde Santa Anastasia hasta Santa Sabina, con los pies descalzos, implorando misericordia, para empezar los ejercicios de la milicia cristiana con el santo ayuno de la Cuaresma y para luchar contra los espíritus del mal con las armas de la abstinencia. (Bendición de las cenizas). Es un resto de la penitencia pública a que se sometía a los pecadores en los primeros siglos. Antes de ser apartado de los fieles, el pecador era salpicado con ceniza, símbolo de penitencia, y vestido con el humilde hábito penitencial. Al suprimirse el uso de la penitencia pública, alrededor del año 1000, la ceremonia se extendió a todos los cristianos. Todo cristiano fervoroso debe presentarse con humildad y espíritu de penitencia a recibir la ceniza y a escuchar las graves palabras que pronuncia el sacerdote al imponerla: «Acuérdate, hombre, que eres polvo y al polvo has de volver». Los textos de la Misa están inspirados todos en esta idea de la penitencia. Dios es siempre misericordioso para con todos los que se convierten a Él. (Introito); pero importa rasgar los corazones más que los vestidos (Epístola). El que ayune generosamente, no por agradar a los hombres (Evangelio); el que reciba con la debida piedad las venerables solemnidades del ayuno (Oración), ese podrá cantar: «Te exaltaré, Señor, porque me recibiste y no alegraste a mis enemigos sobre mí. Clamé a Ti y me sanaste» (Ofertorio).
(1) La ceniza es símbolo de penitencia, y bendecida por la Iglesia, se trueca en un sacramental que nos mueve a desarrollar el espíritu de humildad y de sacrificio
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Aprenda mas sobre el Rito de bendición e imposición de la ceniza

Ayunos y abstinencias
Es una doctrina tradicional de la espiritualidad cristiana que el arrepentimiento, el alejarse del pecado y volverse a Dios, incluye alguna forma de penitencia, sin la cual al cristiano le es difícil permanecer en el camino angosto y ser salvado (Jer 18:11, 25:5; Ez 18:30, 33:11-15; Jl 2:12; Mt 3:2; Mt 4:17; He 2:38 ). Cristo mismo dijo a sus discípulos que ayunaran una vez que Él partiera (Lc. 5:35 ). La ley general de la penitencia, por lo tanto, es parte de la ley de Dios para el hombre.
La Iglesia ha especificado días obligatorios de ayuno y abstinencia de carne, para asegurarse que los católicos, de alguna manera realicen, penitencia como lo requiere la ley divina, y a la vez hacerles más fácil el cumplir con esta obligación.
El ayuno obliga a los que han cumplido 21 años; están dispensados, los que hacen trabajos pesados, los faltos de salud, los pobres que viven de limosna y los que han cumplido 60 años.
La ley de abstinencia, debe ser observada por todos, desde la edad de siete años. Los días de abstinencia, no se pueden comer ningún tipo de carnes (vaca, cerdo, aves), ni alimentos derivados de las mismas, por ejemplo, sopas, fiambres, etc.
No hay obligación de hacer ayuno y abstinencia si caen en días de fiestas de guardar, aún si es viernes.
Modo de ayunar
Los días de ayuno, está permitida solamente una comida completa, en la que se puede comer carne, siempre que no sea día de abstinencia de la misma. Están permitidas dos comidas más, que, juntas, sean menores que la comida principal. Entre las comidas, sólo pueden tomarse líquidos.
Por la mañana se puede tomar té o café con un poco de leche, o mate cuanto se desee, o chocolate hecho en agua, pan en pequeña cantidad que no exceda 62 gramos, más o menos, con manteca, a excepción de huevos.
En la cena, cualquier comida, excepto carne y caldo, en cantidad que no exceda 250 gramos.
Días de ayuno y abstinencia
en la república Argentina
En virtud de Indulto Pontificio son de obligación solamente:
· Días de abstinencia sola, sin ayuno: Todos los viernes de Cuaresma
· Días de ayuno y abstinencia: Miércoles de Ceniza, Viernes Santo, Vigilia de la Asunción de la Sma. Virgen y el 23 de diciembre