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viernes, 19 de diciembre de 2014
Lutero y Francisco empollan el mismo huevo. La Iglesia Ocupada, Cap. I Jacques Ploncard D’Assac
Ciudad del Vaticano, 18 de diciembre 2014 (VIS).- ''No olvidemos -recalcó el Papa- que recorremos juntos el camino de la amistad, del respeto mutuo y de la investigación teológica; un camino que nos hace mirar con esperanza al futuro. Por eso el pasado 21 de noviembre las campanas de todas las catedrales de Alemania tocaron para invitar a todos los hermanos cristianos a un servicio litúrgico común por el quincuagésimo aniversario de la promulgación del Decreto Unitatis Redintegratio del Vaticano II''.
El Santo Padre manifestó su complacencia porque la Comisión de diálogo bilateral entre la Conferencia Episcopal Alemana y la Iglesia Evangélica Luterana de Alemania están a punto de terminar un trabajo dedicado a "Dios y la dignidad del hombre." y subrayó la gran actualidad de ''los temas relacionados con la dignidad de la persona humana en el principio y el final de su vida, así como las relacionadas con la familia, el matrimonio y la sexualidad, que no pueden ser excluidos o dejados de lado solo porque no se quiere poner en peligro el consenso ecuménico alcanzado hasta el momento. Sería una pena que, en temas tan importantes relacionados con la existencia humana, hubiera nuevas diferencias confesionales''.
''El diálogo ecuménico ya no puede separarse hoy de la realidad y de la vida de nuestras iglesias. En 2017 los cristianos luteranos y católicos conmemorarán conjuntamente el quinto centenario de la Reforma. En esa ocasión ambos tendrán, por primera vez, la oportunidad de compartir la misma conmemoración ecuménica en todo el mundo, no como una celebración triunfalista, sino como una profesión de nuestra fe común en el Dios uno y trino. El fulcro de este evento serán, por tanto, la oración en común y la petición de perdón al Señor Jesucristo por las culpas recíprocas, junto con la alegría de compartir y recorrer juntos un camino ecuménico. De este hecho es muestra significativa el documento elaborado por la Comisión luterano-católica para la Unidad y publicado el año pasado "Del conflicto a la comunión. La conmemoración conjunta luterano-católico de la Reforma en 2017 ". ¡Que esta conmemoración -finalizó el Papa- nos lleve a todos a dar, con la ayuda de Dios y el apoyo de su Espíritu, nuevos pasos hacia la unidad y a no limitarnos sólo a lo que ya hemos logrado!''.
La Iglesia ocupada
Jacques Ploncard D’Assac
CAPITULO I
EL HUEVO
DE ERASMO
“La mayoría de los errores de los hombres
proceden menos de que éstos razonen mal partiendo de principios verdaderos, que
de que razonen bien partiendo de juicios inexactos o de principios falsos.” Sainte-Beuve,
Causerie du Lundi, t.X, p.36.
“Si se llega a demostrar que todas las
“novedades” que confunden hoy a la Iglesia no son más que antiguos errores,
constantemente condenados por Roma, se podrá sacar la conclusión que la Iglesia
en este final del siglo XX está ocupada por una secta extranjera, de la misma
forma que un país puede estar ocupado por un ejército enemigo.” Jacques
Ploncard D’Assac.
Ya hace cuatro
siglos, Erasmo profesaba que “cada hombre
posee la teología verdadera”, que está “inspirado
y guiado por el espíritu de Cristo, ya sea picapedrero o tejedor”.
Cuando Erasmo habla
así, todavía no se conoce a Lutero, el “protestantismo” no existe, aunque ya la
insidiosa herejía va deslizándose en la Iglesia del siglo XVI. El mensaje de
Erasmo “apareció como un mensaje nuevo y fecundo, susceptible de llevar una
renovación a la Iglesia, desde el interior”.
Erasmo encontró un terreno particularmente
favorable en España “donde las clases superiores estaban profundamente
influenciadas por la levadura de los judíos conversos”. Su doctrina se extiende
en el siglo XVI, igual que la filosofía masónica se extenderá en el siglo XVIII
mediante la conquista de los soberanos y de sus consejeros. El mismo Erasmo era
consejero del archiduque Carlos, gobernador de los Países Bajos, y a este
príncipe dedica su tratado De la educación de un príncipe cristiano. En 1520,
Carlos se ha convertido en el monarca más poderoso de la época. Reina en
Alemania y en España. Su camarilla está llena de “erasmistas”. Mercurio
Gattinara, su canciller piamontés, es un discípulo del filósofo flamenco, lo
mismo que su inseparable secretario, Alonso de Valdés. Pero el acontecimiento
capital sobreviene en 1521, cuando Adriano de Utrecht, un flamenco “erasmista”
es elegido Papa. Adriano VI lleva consigo a Roma “un grupo de gente de su país”
ganado a las nuevas ideas.
Los “innovadores” arremetieron primeramente
contra las órdenes monásticas.
Se reconoce el espíritu del error en que
ataca más a las Instituciones que a los hombres. En lugar de reformar, suprime.
Ahora bien, las instituciones, fruto de la experiencia y de la historia, tienen
siempre una razón de ser y es malo destruirlas.
Llevado por el espíritu innovador, vemos que
el futuro Papa Paulo IV preconiza la supresión paulatina de las órdenes
monásticas en toda la cristiandad.
Los monjes se defendieron:
“La sabiduría cristiana —dijeron— es lo
perfecto para los hombres instruidos, para los obispos y el alto clero, para
los príncipes, los altos funcionarios, los negociantes cultivados, los
juristas, los eruditos, toda esta burguesía instruida donde Erasmo reclutaba a
sus discípulos. Pero ¿qué pasaba con el pobre y el ignorante que no podían
comprender un mensaje tan intelectual? Para esas gentes, las imágenes visibles,
las ‘devociones mecánicas’, las peregrinaciones, las reliquias, las ceremonias
religiosas, constituían otras tantas representaciones de la Iglesia. Las
imágenes tan criticadas por los reformadores eran la Biblia del iletrado”.
Evidentemente, los monjes se burlaban de los
“cultivados burgueses”, quienes no debieron percibir la ironía. Les faltaba la
sencillez de corazón.
Fue necesario que llegase Lutero atacando
ahora de frente a la Iglesia, para darse cuenta del peligro. Y entonces sucedió
lo que acontece siempre en casos semejantes: los protestantes buscaron la alianza de Erasmo, quien tan bien
les había abierto el camino y Roma se volvió hacia el mismo Erasmo como hacia
una “tercera fuerza” que impediría a la herejía ir demasiado lejos.
Pero Erasmo, consciente de las potencias de
destrucción que ha desencadenado, no osa pronunciarse. Prefiere conservar su confort y
su tranquilidad espiritual; el liberal se calla. Ya sólo quedan frente a frente
la Revolución y la Contrarrevolución, la Reforma y la contrarreforma.
Un monje de Colonia
resume con humor y sentido común las responsabilidades del liberal Erasmo en la
Reforma:
“Erasmo ha puesto el huevo; Lutero hará salir el pollo”.
Y, belicoso, concluía:
“Que
Dios nos conceda aplastar los huevos y matar a los polluelos”.
No hay que ir muy lejos para encontrar en
Erasmo al demócrata-cristiano de nuestros días:
“Han
hecho bien —escribe— en elegir el águila como símbolo de la realeza, puesto que
ni es hermosa, ni canta bien, ni es comestible; pero es carnívora, rapaz, todo
el mundo la detesta. Es una verdadera plaga: puede y quiere hacer más daño que
nadie”.
Estas palabras se habrían esperado de un
convencional de 1793. Las ideas son siempre mucho más antiguas de lo que
parecen.
Erasmo murió en 1536, en Basilea, en tierra
protestante. El Papa “erasmista” le había ofrecido el capelo cardenalicio. Lo
rechazó. Sabía que estaba vencido por Lutero quien había llevado sus principios
hasta las últimas consecuencias.
“ Qué buen defensor de la libertad
evangélica es Lutero! —escribe—, gracias a él, el yugo que soportamos va a
hacerse el doble de pesado. Simples opiniones van a convertirse en dogmas”.
H. R. Trévor-Roper, que recoge estas citas,
concluye su ensayo sobre Erasmo con estas palabras que conviene meditar: “La
historia de esa generación está llena de interés, pues se parece bastante a la
nuestra. Estaba constituida por liberales que se vieron obligados a elegir
entre dos ortodoxias rivales”.
Pero el asunto no quedó ahí.
Todos los libros de Erasmo fueron puestos en
el Indice. Sólo fueron reeditados en países protestantes, donde se sabía por
experiencia que el liberalismo es el camino hacia la contestación, el libre
examen y la rebelión.
Y hay que retener esta observación. Veremos
que el “erasmismo” vuelve a apoderarse de los Países Bajos, esta tierra donde
siempre parece que renace alguna herejía. De ahí llegará a la Sorbona,
contaminará a los jansenistas, pasará por la Revolución, alcanzará a Lamennais
y nos alcanzará a nosotros en la segunda mitad del siglo XIX.
Nunca comienza nada, ni termina. Las ideas
fluyen como esos arroyos que desaparecen bruscamente, corren bajo tierra y
reaparecen más lejos.
Louis Veuillot usaba una bella imagen para
explicar los comienzos de los errores humanos. Eso, decía, venía desde el día
en que Adán y Eva “comieron el fruto prohibido para hacerse semejantes a Dios y
hacer la primera revolución democrática, que consistiría en reducir a Dios a la
condición de simple habitante del Paraíso, sin perjuicio de expulsarle más
tarde”.
Lutero repite el pecado de Adán.
Sigamos con Veuillot el desarrollo de la
idea protestante, sus prolongaciones filosóficas y políticas:
“Al pretender
liberar la razón humana — observa Veuillot—, Lutero ha sido para sus adeptos
una causa inmediata de hundimiento intelectual y moral; asimismo, la razón
humana ‘emancipada’ se ha convertido en el principio de las aberraciones
filosóficas y políticas de lo tiempos modernos y de los desórdenes sociales”.
Veuillot ha
demostrado admirablemente cómo la esencia del cristianismo es “la unión de Dios
y del hombre”. “Al tener el hombre por todas partes y siempre con él el
elemento divino (. . .) sólo puede errar y caer por un abuso del más bello
atributo que ha recibido de Dios: la libertad”. Dentro del orden es invencible;
si quiere salir del orden, puede hacerlo fácilmente, pero está perdido.
“Para pervertir al
hombre bastaba con separarle del elemento divino, es decir, REDUCIRLE A SUS
PROPIAS FUERZAS.”
Lo más difícil era
“aislar al hombre y separarle de Dios, AÚN EN EL SENO DE LA RELIGIÓN; crear un
cristiano que en presencia de la Iglesia, depositaria e intérprete de la verdad
de Dios, proclamase la soberanía de su propia razón. Este horrible prodigio lo
ha obrado Lutero”.
La razón “emancipada”, ¿cómo va a comportarse?
“Súbitamente
—escribe Veuillot— hela aquí vagando a través de las opiniones religiosas, sin
encontrar un motivo suficiente para detenerse en ninguna. De una sumisión ciega
a la palabra de los innovadores, pasa directamente a la independencia absoluta
y esta independencia se inclina con una indiferencia vergonzosa, bajo cualquier
dictadura. Se ha abandonado la fe de la Iglesia y se reciben los dogmas
imperiosos de Lutero, de Calvino, de
Isabel, de Gustavo Adolfo. Ya no se está con el Papa, pero
se está con los Cuáqueros, con los hermanos Moravos, con Stork, con Knox, con
Ronge y con mil más que no demuestran más que impotencia para encontrar la
verdad”.
Ya tenemos el
principio de Lutero volviéndose contra Lutero:
“Lutero emplea inútilmente la espada de los
príncipes para apoyar su doctrina y protegerla contra el espíritu innovador del
cual ella es, a la vez, resultado y causa: de cada pueblo sale un teólogo
dispuesto a reformar al reformador”.
Las consecuencias del principio de Lutero no
se limitan a las cuestiones religiosas y una vez más conviene que sigamos con
Veuillot el encadenamiento lógico de las cosas:
“Era imposible que la razón individual
habiendo sido proclamada soberana, limitase su plenitud de poder a escoger una
religión y una filosofía y volviese a entrar después dócilmente en el orden
social, respetando en la autoridad temporal el carácter divino que rechazaba en
toda otra autoridad. Pero, ¿qué sería de la libertad de pensar sin la libertad
de hablar? ¿Y la libertad de expresión sin la libertad de acción? ¿Y la
libertad de acción si hubiese cualquier ley que jamás pudiese ser atacada? Tal
es la constancia inexorable con la que los principios admitidos engendran
iguales consecuencias en todo lo que se refiere a la humanidad”.
“La razón individual, soberana en religión,
soberana en filosofía, se vuelve soberana también en política. Después de
haberse hecho a su gusto una religión y una filosofía, el individuo quiere
hacerse de nuevo un gobierno que siga las ideas y los gustos que le han guiado
en la elección de lo demás. . .“. De ahora en adelante el campo está libre para
los combates “de los intereses individuales, armados unos contra otros con toda
la fuerza y la terquedad del egoísmo”.
Sigamos la admirable demostración de
Veuillot:
“Dios —prosigue—, habiendo
misericordiosamente creado al hombre demasiado débil para que pueda hacer
prevalecer su voluntad personal, cada individuo busca fortalecerse asociándose
a los que comparten o se aproximan a sus opiniones; así se conserva siempre
alguna forma de autoridad (…), pero el hombre cae inmediatamente bajo el yugo
del hombre.
“En
esta fragmentación y en esta imitación de la autoridad, la sociedad que era una
familia, degenera en una mezcolanza de tribus cuyo más ardiente deseo es el de
aniquilarse recíprocamente. ¡ Cuán viva imagen de las sectas del protestantismo
y de las escuelas filosóficas! Los mismos principios, el mismo resultado, igual
derecho. Suprimamos la idea del deber, que no viene más que de Dios, puesto que
el hombre no puede imponer nada al hombre, y DIGAMOS DESPUÉS QUIÉN TIENE
RAZÓN”.
Conviene
recoger aquí la poderosa demostración de Louis Veuillot. Ni ha envejecido ni ha
perdido su fuerza. Los acontecimientos que se han desarrollado desde el tiempo
en que fue escrita, hace más de un siglo, la han confirmado aún más. El interés
de las grandes páginas de verdades religiosas, sociales y políticas es que no
envejecen nunca. Como siempre es el mismo error el que reaparece a lo largo del
tiempo, las refutaciones que fueron hechas entonces conservan toda su fuerza.
De ahí el interés de lo que León Daudet llamaba la ‘‘Biblioteca del Orden’’, la
que recomendaba se opusiese a la ‘‘Biblioteca del Desorden’’.
¿Dónde han llevado,
históricamente, las ideas que el monje de Colonia, en el siglo XVI, descubría
ya en ‘‘el huevo de Erasmo’’? Abramos otra vez la obra de Veuillot, puesto que
en ella todo está magníficamente dicho:
“Desde que la Filosofía se ha divorciado de la Revelación, como
el Protestantismo se había divorciado de la Iglesia, la Razón, errando al azar
por el desierto del pensamiento poblado de fantasmas y lleno de espejismos, y
no encontrando en ninguna parte un jalón para reconocer su camino,
sucesivamente ha sometido todo a sus investigaciones, ha afirmado todo, ha
puesto en duda todo, ha negado todo: de extravagancia en extravagancia, SE HA
NEGADO A SI MISMA, pero ¡ay!, no para confesar su impotencia, sino por un
último exceso de orgullo y, como para castigarse por el instinto que la empuja
a volver a Dios, a la verdad”.
No habiendo podido fundar nada estable, ni
en religión, ni en filosofía, ni en política, puesto que es la DUDA, sólo
encuentra cierta verdad en su lucha contra la Verdad, pues es el objeto de su
combate, el que unifica sus tropas y sus argumentos.
“La razón emancipada, es decir, incrédula,
desde su victoria, no ha hecho otra cosa más que trabajar para destruir lo que
la razón sometida, es decir, creyente, había edificado tras largos siglos e
ingentes trabajos”. Pero no ha terminado, pues “por un lado, era tal la
grandeza y la solidez de la obra, que ciertas partes resisten todavía y, por
otro lado, es tal el frenesí de destrucción que nada entorpece su camino, ni lo
detiene”, así pues, concluía Veuillot, “el trabajo continúa”.
Ante nuestros ojos lo vemos continuar y
vemos caer partes que aún resistían. Lo importante no es enumerar los bastiones
que ceden, sino comprender POR QUÉ ceden.
Veuillot había captado muy bien el
mecanismo, lo que tiene de fuerte y también lo que tiene de frágil, si se sabe
desarticularlo en el sitio exacto:
“La política de la Razón soberana —decía— SE
REDUCE AL MANEJO DE LAS MASAS”, ahora bien, “a las masas se las excita por la
pasión, por el error, por el temor y de esta fermentación se desprende una
fuerza que lo puede todo, pero que pasa pronto y que NO CREA NADA POR SI MISMA;
irresistible como el vapor, tan sutil y estéril como él”.
He aquí el punto débil del error: no crea
nada. Desorganiza, siembra la duda, trastorna la sociedad pero es impotente
para reconstruirla. Ahora bien, la sociedad no puede vivir de dudas, de
desorden, de ausencia de estructuras duraderas.
Es el punto exacto a donde debemos llegar
con nuestra “Biblioteca del Orden”.
La Cristiandad experimentó ante la herejía
de Lutero un violento sobresalto. Cuando no se le condena, se intenta
disculparle y disculparnos de ello. Pero Veuillot, veía las cosas de otra
manera.
“Nuestros antecesores —decía— creían que el
heresiarca era más peligroso que el ladrón y tenían razón. Su doctrina herética
era una doctrina revolucionaria. De ella salían confusiones, sediciones, robos,
asesinatos, toda clase de crímenes contra los particulares y contra el Estado;
se caía en la guerra civil, se hacían alianzas con el extranjero y estaba
amenazada la nacionalidad, así como la
vida y la fortuna de los individuos. La herejía, que es un mal religioso muy
grande, era también un crimen político muy grande. Esto no necesita demostrarse
a las personas Instruidas y de buena fe; a los demás… no se les demuestra nada.
La pronta represión de los discípulos de Lutero, una cruzada contra el
protestantismo, habría ahorrado a Europa tres siglos de discordias y de
catástrofes en los que pudieron perecer Francia y la civilización”
Esta era la opinión de Richelieu cuando
escribía a su sobrina la duquesa d’Aiguillon: “Si se hubiese envenenado a
Lutero y a Calvino cuando aparecieron, se habrían ahorrado grandes males a la
religión y mucha sangre a Europa”
Erasmo mismo, el hombre del HUEVO, al
regresar de su visita a Calvino en Basilea, decía aterrado:
“Veo que una gran peste va a nacer en la
Iglesia contra la Iglesia”.
La mayor demostración del error de los
Reformadores se encuentra en el hecho de que no podían mantenerse más que
contraviniendo sus propios principios.
Hay que leer lo que Veuillot cuenta sobre
Calvino en su obra Pelerinages de Suisse. Demasiado lo olvidamos cuando nos
paseamos en Ginebra por el apacible parque de los Reformadores:
“la vida estaba en juego en Ginebra cuando
se hacía uso demasiado libremente del derecho del libre examen. Calvino que no
aguantaba ni la contradicción ni la competencia, quemaba a cualquiera que se
atreviese a dogmatizar a su lado y en sus libros acribillaba de atroces
injurias a los que no podía alcanzar de otra manera”.
Pasemos las hojas de la historia:
“Epifanio, obispo apóstata de Nevers,
consultado a menudo por los magistrados, fue decapitado; la misma suerte
alcanzó a Gruet, culpable de haber escrito contra el reformador. Un pobre
tintorero metido en teología tuvo que pedir perdón de rodillas por haber dicho
que Calvino bien podía haberse confundido y no debería avergonzarse de
reconocer su error, como hizo San Agustín en una ocasión semejante.
“Servet,
médico español, había sostenido contra Calvino una polémica al estilo de la
época; Calvino supo atraerle pérfidamente a Ginebra, le acusó de herejía, le
mandó procesar sin concederle siquiera un abogado, y le hizo condenar.
“Servet, dice Allwardin, fue atado de pie a un poste clavado en
el suelo, una cadena de hierro ligaba su cuerpo y cuatro o cinco vueltas de
gruesa soga sujetaban su cuello. Su libro estaba colgado a su lado, una corona
de paja o de follaje untada de azufre cubría su cabeza. El verdugo, a quien
rogaba abreviase su suplicio, prendió el fuego ante sus ojos y después, acercó
las llamas en círculo a su alrededor. Servet al verlo, lanzó un grito tan
horrible que los asistentes se estremecieron de horror y hubo hombres que
viéndole durar mucho tiempo se apresuraron a arrojar haces de leña a la pira.
Al fin, después de media hora de tormentos, entregó su alma gritando con voz
lastimera: ¡Jesús, Hijo de Dios eterno, ten piedad de mí!“.
Calvino tuvo miedo de que Servet pasase por
un mártir y reanudó sus ultrajes. “Para que los miserables a quienes ha
conmovido su suplicio, escribió, no se vanaglorien de la terquedad de este
hombre como de la perseverancia de un mártir, tengo que señalar que en el
momento de su muerte mostró una estupidez completamente animal; cuando se le
comunicó la sentencia, unas veces permanecía en la actitud de una persona
estúpida, otras veces lanzaba profundos suspiros, o bien gritos furiosos y esta
última manía le duró tanto, que no se le oía más que mugir como las vacas de su
país: ¡ Misericordia! ¡misericordia !“
He ahí a dónde llevaba la emancipación de la
razón, el derecho al libre examen, la promesa de la libertad. Miremos ahora las
revoluciones nacidas de estos principios: en 1789, 1830, 1848, 1871, 1944,
todas ellas nos ofrecen escenas semejantes y los regímenes que instauran se
fundan en la sangre y la opresión de aquellos cuyo “libre examen” no se doblega
a las ideas de los demócratas del día. Luego el error, tiene que estar en el
principio mismo que es su base.
No hay que creer que los contemporáneos de
Lutero y de Calvino no fueran conscientes de la formidable batalla de ideas que
iba a entablarse. Ronsard, en el momento más duro de la Reforma, denunciaba “la
insuficiencia de la defensa intelectual y moral del catolicismo respecto a la
propaganda protestante”.
En 1560, en su Elégie á Guillaume des
Autels, proponía un plan, no ya de discusión defensiva, sino de réplica
ofensiva en el terreno que era el suyo, el de las letras. No es con las armas
como hay que responder al adversario, sino CON LA RAZÓN, CON LA RAZÓN VIVA:
Así como el enemigo ha seducido con libros
al pueblo descarriado que falsamente le sigue, hay que, discutiendo, con libros
responderle, con libros asaltarle, con libros confundirle.
Se quejaba de no ver “a nadie que empuje
desde lo alto de la brecha y rechace al enemigo”,…nadie toma la pluma y por
escrito, defiende nuestra ley.
A M. Henri Longnon le había llamado la
atención esta queja de Ronsard:
“En efecto, observaba, cuanto más ardiente,
pronta, inalcanzable era la propaganda protestante, que se hace a carretadas
bien camufladas de vivos libelos y de alegres panfletos firmados por mentes
activas, instruidas, mordaces y hechas para la disputa, tanto más la réplica
católica era pesada, pedante, o bien blanda, desmayada y sin alcance (…) era
como para creer que todo vigor intelectual se hubiese retirado de la Iglesia
Católica”, ¡Ay!, rabiaba Ronsard, ¡ ay! de los
luteranos; es muy mala la causa y la defienden bien; mas, por desgracia fatal,
la nuestra es buena y santa y la defendemos mal.
Ronsard no se contentaba con lamentarse:
“Tomó sobre sí la improvisación de esta
defensa necesaria. Había que golpear a los enemigos con rapidez y energía,
atacar al adversario en sus propias líneas y puesto que aquél multiplicaba los
panfletos en francés, responderle con panfletos en francés que el pueblo leería
igual que leía los de los hugonotes. Llamó al orden a la Brigade , despertó a
Baïf, despertó a Belleau, despertó a des Autels y a Daurat, y él fue el primero
en tomar la ofensiva (…) Pues, ¿no estaba todo el talento del lado de la
Reforma?… Los católicos atemorizados volvieron a tener
confianza
en sí mismos. Tenían a Ronsard a la cabeza”.
Si bien Ronsard no tenía gran estima de la
Opinión, cuya verdadera esencia conocía:
Se dice, contaba el poeta, se dice que
Júpiter, enojado contra la raza de los hombres, que quería por curiosa osadía
hacer llegar sus razones hasta el cielo, para saber los altos secretos divinos
que el hombre no debe ver un día, sintiéndose alegre, escogió por amiga a la presunción,
la vidente dormida al pie del monte Olimpo y besándola de repente concibió a la
Opinión, peste del género humano creer fue su nodriza y fue llevada a la
escuela de Orgullo,
Fantasía
y Loca Juventud.
Pero, por muy desdeñoso que fuese con la
Opinión, Ronsard sabía, tenía presente que el enemigo la manipulaba y él no
quería consentir que se corrompiera. Tanto más cuanto que los “reformadores”
eran muy hábiles.
Jacques Maritain nos narra en Trois
Réformateurs, con qué procedimientos se impuso la Reforma:
“El pueblo quería permanecer fiel a su
religión, un cambio brutal habría provocado sublevaciones. ¿Qué se hizo,
entonces? Por una serie de medidas hábilmente calculadas, SE GRADUARON LAS NOVEDADES EN LA DOCTRINA Y EN EL CULTO, de manera
que no se percibieran; se separó al pueblo de la comunión con la Iglesia SIN
QUE SE DIESE CUENTA DE ELLO. Lutero escribía en 1545: ‘Porque entonces (poco después de
su apostasía) nuestra doctrina era nueva y ESCANDALIZABA A LAS MASAS en el
mundo entero, tuve que avanzar con precaución y, a causa de los débiles, dejar
de lado muchos puntos, cosa que ya no he hecho después’ “.
Por ejemplo, según palabras de Mélanchton, “el
mundo estaba tan unido a la misa, que parecía que nadie podría arrancarla del
corazón de los hombres”. Por eso, LUTERO HABIA CONSERVADO LA MISA en
los formularios oficiales de 1527 y de 1528, en Sajonia. La elevación de la
hostia y del cáliz se mantenían. PERO LUTERO HABIA
SUPRIMIDO EL CANON SIN ADVERTIR AL PÚBLICO. “El sacerdote, decía, puede arreglárselas
muy bien, de manera que el hombre del pueblo ignore siempre el cambio efectuado
y pueda asistir a misa sin encontrar de qué escandalizarse…”
En su opúsculo sobre LA CELEBRACIÓN DE LA
MISA EN ALEMÁN decía también: “Los
sacerdotes saben las razones que les obligan a suprimir el canon” (Lutero negaba
EL SACRIFICIO de la misa); respecto a
los laicos, es inútil tratar con ellos sobre este punto”.
¿No
nos recuerda nada todo esto?
Qué mejor manera de terminar este capítulo
que con una página de Bossuet que dice todo, resume todo y aclara todo:
“Dios —escribía el obispo de Meaux— ha querido que la verdad
llegase a nosotros de transmisor en transmisor y de mano en mano, sin que nunca
se percibiese innovación alguna. En esto se reconoce lo que se ha creído siempre
y por consiguiente lo que debe ser creído siempre. Y es, por así decirlo, en
este SIEMPRE donde aparece la fuerza de la verdad y de la
promesa y se pierde totalmente cuando hallamos que se
interrumpe en un solo lugar.
martes, 7 de octubre de 2014
La Meritoria Comunión de los Divorciados... Un Sínodo sin Dios.
Se han dado ya dos asambleas más del Sínodo
de Obispos convocado para tratar temas concernientes a la Familia. No queremos
hacer un análisis exhaustivo, de lo que se ha tratado hasta hoy por la mañana,
sino dejar en claro los principios y posturas que se preveían serían aprobados:
1º Un diálogo con el mundo, según el
ejemplo del Concilio Vaticano II
2º
Abandono de las definiciones teológicas para dar lugar a la ambigüedad pastoral, que bajo la égida de “misericordia”
permite todo, apoyada en figuras sofisticas e inexistentes, estableciendo el
mal y el pecado como “GRADOS” de bien. Nótense las frases que dejamos marcadas
en su contexto:
-
“las uniones de hecho en que se convive con lealtad y
amor, presentan elementos de santificación y de verdad”
-
“las formas imperfectas de familia…
valoradas según el principio de gradualidad”
Deberían explicar
¿Cómo se puede tener verdadero amor sin gracia de Dios? ¿Cómo puede haber
santidad en donde habita el pecado grave y donde se vive un falso matrimonio,
verdad?
Causa vergüenza la
desfachatez de llamar “forma imperfecta de familia” al pecado de Adulterio
habitual!
Pero se entiende a
donde quieren llegar, hoy en la tercera “Congregación General” lo desvelan:
“En cuanto a la
Eucaristía de los divorciados que se han vuelto a casar, se ha reiterado que ese sacramento no es el sacramento de
los perfectos, sino de aquellos que están en camino”.
Sí
pero para los que están en el camino al cielo No al infierno viviendo en
pecado: “Non mittendo canibus”, dice Santo Tomás, es el pan de los hijos que no
debe ser arrojado a los perros.
3º La negación de la Doctrina Verdadera,
separando la Persona de Cristo de su Enseñanza:
“la verdad es Cristo, una
Persona, y no un conjunto de reglas”
Cristo
es su Palabra, a eso vino al mundo, es esa la buena nueva del Evangelio, negar
sus “reglas” de vida es negarlo a Él.
Dios quiera que los fieles tomen conciencia
del mal y se aparten de él. Que no permitan ser guiados por ciegos que llevan a
la perdición.
R.P. Hugo Esquives.
(Texto original)
Segunda Congregación General
Ciudad del Vaticano, 7 octubre 2014 (VIS).-Con la
segunda Congregación General que tuvo lugar ayer lunes por la tarde se ha
abierto la discusión en la asamblea general extraordinaria del Sínodo de los
Obispos. Los temas previstos, de acuerdo con el orden del Instrumentum Laboris,
han sido : ''El designio de Dios acerca del matrimonio y la familia'' (Parte I,
cap 1) y ''Conocimiento y Recepción de la Sagrada Escritura y los documentos de
la Iglesia sobre matrimonio y familia ''(Parte I, cap. 2).
Partiendo de la premisa de que la familia es el
núcleo de la sociedad humana, la cuna del amor gratuito y de que hablar de la
familia y el matrimonio implica una educación a la fidelidad se ha reiterado
que la familia debe ser protegida porque es el futuro de la humanidad.
“Porque si la Iglesia no escucha al mundo,
el mundo no escuchará a la Iglesia”
En diversas intervenciones se ha abordado la
necesidad de adaptar el lenguaje de la Iglesia para que la doctrina acerca de
la familia, la vida y la sexualidad se entienda correctamente. Hay que entablar un diálogo con el mundo, siguiendo el
ejemplo del Concilio Vaticano II , es decir con una apertura crítica
pero sincera. Porque si la Iglesia no escucha al mundo,
el mundo no escuchará a la Iglesia. Y el diálogo puede basarse en
cuestiones importantes, como la igual dignidad (¿?)de hombres y mujeres y el
rechazo de la violencia.
El Evangelio no se explica, se demuestra - se ha
afirmado en el Aula - y hay que involucrar sobre todo a los fieles laicos en el
anuncio de la Buena Nueva, destacando su carisma misionero. La evangelización
no debe ser una teoría despersonalizada, al contrario, tiene que llevar a que
las mismas familias den, concretamente , testimonio de la belleza y de la
verdad evangélicas.. El reto, se ha dicho, es pasar de una situación defensiva
a una propositiva y activa, relanzando el patrimonio de la fe con un lenguaje
nuevo, con esperanza, ardor y entusiasmo, dando testimonios convincentes,
creando un puente entre el lenguaje de la Iglesia y el de la sociedad.
“una catequesis 'bíblica' en lugar de 'teológica-especulativa'”
En este sentido, se ha puesto de relieve la preferencia por una catequesis ''bíblica'' en lugar de
''teológica-especulativa'', porque - a pesar de las apariencias el egoísmo no
satisface a las personas que buscan, en cambio, ideales. Y esto se debe
también a que el ser humano aspira a la felicidad y el cristiano sabe que la
felicidad es Cristo, pero ya no encuentra el lenguaje
adecuado para decírselo al mundo. La Iglesia, sin embargo, debe ser
''magnética'', trabajar por atracción, con una actitud de amistad hacia el
mundo.
“la verdad es Cristo, una Persona,
y no un conjunto de reglas”
Por cuanto se refiere a las parejas en dificultad,
(NB. Entiéndase Divorciados) se ha insistido
en la necesidad de que la Iglesia esté cerca de ellas con comprensión, perdón y
misericordia. La misericordia - se ha dicho - es la primera prerrogativa de
Dios, pero hay que considerarla en el contexto de la justicia, solamente así se
respetará en su plenitud el designio divino.
El matrimonio es y sigue siendo un sacramento
indisoluble; sin embargo, ya que la verdad es Cristo,
una Persona, y no un conjunto de reglas, es importante mantener los
principios, no obstante cambien las formas concretas de su actuación. En
resumen, como decía Benedicto XVI: novedad en la continuidad: el Sínodo no
cuestiona la doctrina, pero reflexiona sobre la pastoral, es decir sobre el
discernimiento espiritual para la aplicación de la misma para enfrentar los
retos de la familia contemporánea. En este sentido, la
misericordia no elimina los mandamientos, sino que es su clave hermenéutica.
“las uniones de hecho en que se convive con lealtad y amor,
presentan elementos de santificación y de verdad”
Por otra parte, se ha observado que incluso las situaciones imperfectas deben tratarse con respeto,
por ejemplo, las
uniones de hecho en que se convive con lealtad y amor, presentan elementos de
santificación y de verdad. Lo esencial es, por tanto, considerar
ante todo los elementos positivos, para que el Sínodo infunda
valor y esperanza también a las formas imperfectas de familia, que
pueden ser valoradas según el principio de gradualidad
. Hay que amar realmente a las familias necesitadas.
“las formas imperfectas de familia…
valoradas según el principio de gradualidad”
En el contexto de una sociedad en la que prevalece
una especie de ''ego-latría'', que conduce a la desfamiliarización, se detecta
una pérdida del sentido de la alianza entre el hombre (y la mujer) y Dios. El
anuncio de la belleza de la familia, por lo tanto, no
debería ser un esteticismo, la presentación de un mero ideal para imitar;
al contrario debería explicar la importancia del compromiso
definitivo fundado en la Alianza de los cónyuges con Dios.
Otro punto esencial ha sido el rechazo del
clericalismo: A veces parece que la Iglesia se preocupe más del poder que del
servicio y por eso no inspira los corazones de los seres humanos. . Es
necesario, entonces, volver a imitar a Cristo, volver a encontrar la humildad:
la reforma de la Iglesia debe comenzar por la reforma del clero, porque si los
fieles ven que sus pastores imitan a Cristo, volverán a acercarse a la Iglesia,
que pasará solamente de evangelizar a ser evangelizadora.
También se ha abordado la cuestión del valor
esencial de la sexualidad dentro del matrimonio, Efectivamente, se habla tanto,
críticamente, de la sexualidad fuera del matrimonio que la sexualidad conyugal
parece casi la concesión a una imperfección. El Sínodo ha mencionado -
brevemente - la necesidad de mejorar la formación de los sacerdotes, de
políticas en favor de la familia y del relanzamiento de la transmisión de la fe
en la familia.
Durante la hora de la discusión libre, -18,00 a
19,00- también ha habido dos propuestas: que el Sínodo enviase un mensaje de
aliento y estima a las familias en Irak, amenazadas de exterminio por el
fanatismo islámico y obligadas a huir para no renunciar a su fe. La propuesta
fue sometida a votación y aprobada por mayoría.
La segunda propuesta se refería a la necesidad de incluir en la reflexión al clero casado de las Iglesias
Orientales, que a menudo vive también crisis familiares, que pueden desembocar
en la solicitud de divorcio.
Tercera
Congregación General
Ciudad del Vaticano, 7 octubre 2014 (VIS).-Esta
mañana durante la tercera congregación general ha proseguido la discusión. Los
temas previstos, de acuerdo con el orden del Instrumentum Laboris, han sido :
''Evangelio de la familia y ley natural'' (Parte I, cap. 3) y ''La familia y la
vocación de la persona en Cristo'' (Parte I, cap 4. ).
En la apertura de la Congregación se ha anunciado
que el Consistorio ordinario, convocado por el Santo Padre para el lunes, 20 de
octubre estará dedicado a la situación en el Oriente Medio, a la luz de los
resultados de la reunión de algunos Representantes Pontificios y de los
Superiores de los Dicasterios competentes celebrada en el Vaticano del 2 al 4
de octubre. El tema del Consistorio será presentado por el cardenal Pietro
Parolin, Secretario de Estado. En el encuentro también participarán seis
patriarcas orientales y el patriarca latino de Jerusalén, S.B. Fouad Twal.
El debate general ha continuado siguiendo los
argumentos previstos. Se ha afirmado que era necesaria una mayor preparación
para el matrimonio, para que éste no fuera sólo válido, sino también
fructífero. La propuesta es la de no preocuparse solamente por los remedios
para el fracaso de la unión conyugal, sino también por las condiciones que la
hacen válida y fructífera. Lo que hay que transmitir es una visión del
matrimonio no sólo como punto de llegada, sino como un camino hacia una meta
más alta, un camino de crecimiento personal y de pareja, una fuerza y fuente de
energía. La elección del matrimonio es una vocación verdadera y propia y como
tal requiere fidelidad y coherencia para ser realmente un lugar de crecimiento
y de salvaguardia de lo humano.
Para ello, hay que acompañar constantemente a los
cónyuges en su itinerario de vida, a través de una pastoral familiar intensa y
vigorosa. El camino de preparación para el sacramento del matrimonio debe ser,
por lo tanto, largo, personalizado y también severo, sin miedo a que
eventualmente disminuya el número de bodas celebradas en la Iglesia. De lo
contrario, se corre el riesgo de obstruir los tribunales de justicia con los
procesos matrimoniales.
Otro punto destacado en el Aula ha sido la
influencia de los medios de comunicación, a veces intrusivos, cuando presentan
ideologías contrarias a la doctrina de la Iglesia sobre el matrimonio y la
familia. En esta perspectiva, se ha reiterado que además de proteger a los
católicos, también hay que prepararlos mejor. La Iglesia debe ofrecer su
enseñanza de forma más incisiva, presentando la doctrina no como una lista de
prohibiciones, sino haciéndose más cercana a los fieles, como hacía Jesús. De
esta manera, actuando con empatía y ternura, será posible reducir la brecha
entre la doctrina y la práctica, entre las enseñanzas de la Iglesia y la vida
familiar. Porque lo que necesitamos no es una elección
entre la doctrina y la misericordia, sino la puesta en marcha de una
pastoral iluminada, para animar sobre todo a las familias en dificultades, que
a menudo tienen la sensación de que no pertenecen a la Iglesia.
“En cuanto a la Eucaristía de los divorciados que se han vuelto a
casar, se ha reiterado que ese sacramento no es el sacramento de los perfectos,
sino de aquellos que están en camino”
Se ha reanudado el debate sobre el tema
de las parejas con problemas, (NB.
Entiéndase Divorciados) los divorciados que se
han vuelto a casar. A ellos, se ha dicho, la Iglesia no debe presentar un juicio, sino
una verdad, con una mirada comprensiva, porque la gente sigue la verdad y sigue
a la Iglesia si ésta dice la verdad. La ''medicina'' de la
misericordia da acogida, atención y apoyo. Sobre todo porque - se ha destacado-
las familias que sufren no buscan soluciones pastorales rápidas, no quieren ser
una mera cifra estadística, sino que sienten la necesidad de ser aconsejadas y
de sentirse aceptadas y amadas. Se debe dar más espacio
a la lógica sacramental que a la jurídica.
En cuanto al acercamiento
a la Eucaristía de los divorciados que se han vuelto a casar, se ha reiterado
que ese sacramento no es el sacramento
de los perfectos, sino de aquellos que están en camino.
Al igual que ayer por la tarde la discusión se ha
centrado también en la necesidad de renovar el lenguaje de la proclamación del
Evangelio y de la transmisión de la doctrina. La Iglesia debe abrirse más al
diálogo y escuchar con más frecuencia (y no sólo en casos excepcionales) las
experiencias de las parejas casadas, porque sus luchas y sus fracasos no pueden
ser ignorados; al contrario, pueden ser el fundamento de una teología real,
verdadera. Y siempre a propósito del lenguaje, ha
habido alguna que otra perplejidad acerca de la sugerencia incluida en el
Instrumentum Laboris - de profundizar en el concepto, de inspiración
bíblica, de ''orden de la creación'' como posibilidad de releer de una manera
más significativa la ''ley natural''. No es suficiente cambiar el vocabulario,
se ha dicho, si luego no se consigue crear un puente de diálogo efectivo con
los fieles. En este sentido, se ha afirmado que la vasta y difusamente sentida
necesidad de cambio debe entenderse como conversión pastoral para que el
anuncio del Evangelio sea más eficaz.
A continuación se han presentado tres dimensiones
específicas de la familia: la vocación a la vida; la misionera, entendida como
testimonio de Cristo a través de la unidad familiar; y la aceptación del otro,
ya que la familia es la primera escuela de alteridad, el lugar donde se pueden
aprender la paciencia y la lentitud, en contraste con el ajetreo y el bullicio
del mundo moderno. También se ha puesto de relieve otra dimensión ulterior del
núcleo familiar : la santidad, porque la familia educa a la santidad, es un
icono de la Trinidad, Iglesia doméstica al servicio de la evangelización, futuro
de la humanidad.
Otros puntos mencionados
durante la Tercera Congregación General han sido la importancia de la
catequesis para las familias, especialmente para los niños, y de la oración
entre las paredes domésticas que da lugar a una verdadera y propia generación
de la fe, transmitiéndola de padres a hijos. Por último, se ha subrayado la
necesidad de un formación más profunda de los sacerdotes y catequistas.
jueves, 14 de agosto de 2014
10 Consejos para ser Feliz!! Según el lugar en que quiera su Felicidad... Santo Tomás de Villanueva.
MODO BREVE DE SERVIR A NUESTRO
SEÑOR EN DIEZ REGLAS
SANTO TOMÁS
DE VILLANUEVA
PRÓLOGO
Ante todas cosas es menester corazón
muy determinado para servir a Dios, y aparejado para romper con quien lo
estorbare, pensando lo que va en ello, que es la Gloria o el Infierno para
siempre, y que cosa tan grande no se alcanza sin gran riesgo y trabajo; y esta
determinación seguidla con mucha constancia y perseverancia, acordándose que
dice Nuestro Señor Jesucristo en su Evangelio que el que pone la mano en el
arado y mira atrás, no es apto para el Reino de Dios[i][1]. Y porque al mundo y sus seguidores es contrario esto,
hace de disponer a romper con él y no curar de él, antes menospreciar lo que
dijere como ciego y necio, y sufrir ser tenido por loco, por amor de Dios y por
su salvación, que al fin se verá la verdad cuando pasare la oscuridad del sueño
de esta vida y viniere la verdadera luz del día[ii][2], que para siempre durará, donde
goce para siempre del fin para que fue creado.
PRIMERA
Conviene ante todas cosas amar a
Dios y al prójimo y guardar su Ley cumpliendo sus mandamientos, porque en esto
está la vida, y cesar de pecar, determinándose de no cometer un pecado mortal a
sabiendas, con la gracia de Dios, por todo el mundo, procurando de se ejercitar
en toda virtud, guardando su amor de tal manera, que a sólo Dios ame y en Él
sólo se emplee continuamente.
SEGUNDA
Remediar la vida pasada,
confesándose generalmente[iii][3] y escudriñando con gran diligencia
su conciencia, satisfaciendo al Señor con mucho dolor y lágrimas y con mucha
vergüenza y humillación, pensando la ceguedad pasada, y tratando en su memoria
la historia de su vida perdida, y llorando y doliéndose mucho de ella; y para
más satisfacción, tomando alguna aspereza de ayunos, o vigilias, o disciplinas,
o silicio que aflija la carne y hagan venganza del deleite pasado; y este
ejercicio durará algún tiempo, porque hasta que aqueste sea bien hecho no
cumple entender en otro. Para dejar de pecar, ayudará al principio la
abstinencia, la soledad y clausura, silencio, oración, ocupación, vigilia,
consideración de la muerte y del Juicio, del Cielo y del Infierno.
TERCERA
Huir conversaciones de mundanos, que
ahogan el espíritu y buen deseo del ánima devota, huir visitaciones de seglares
y procurar alguna conversación de alguna persona verdaderamente espiritual, en
quien more Dios, porque, como un carbón encendido enciende a otro, así un
corazón encendido e inflamado en espíritu inflama a otro.
CUARTA
Huir y menospreciar todos los
placeres pasados y deleites mundanos y vanos de aqueste siglo y procurar de
descubrir otros deleites interiores, muy mayores y más perfectos, del espíritu
y del entendimiento, los cuales dan mayor hartura al ánima y hacen parecer
niñerías aquestos carnales (esto hace la contemplación profunda con oración y
lección); y lo mismo digo de todas las riquezas, faustos, honras, favores de
este mundo, y procurar mucho de tener el corazón limpio de toda afición
temporal y desocupado de todo amor apasionado de criatura, porque Nuestro Señor
le hincha de sí y de su sagrado espíritu; porque este preciosísimo bálsamo no
cabe en vasos sucios, ni dará Nuestro Buen Señor sus margaritas a los puercos,
pues lo vedó a sus discípulos. Por lo cual cumple en gran manera a toda persona
que pretende ser espiritual tener muy gran cuidado y diligencia sobre su
corazón y apetitos y deseos y pensamientos desordenados; porque sería sin esto
por demás trabajar.
QUINTA
Limpiar muy a menudo su conciencia,
de ocho a ocho días, o a lo menos a los quince, confesando y comulgando con
mucha devoción; porque así se alcanza la gracia para perseverar y tener grande
fortaleza y firmeza en el buen principio y comienzo.
SEXTA
Y tener en casa un oratorio muy
devoto, que convide a estar en él, para conversar con Dios y desocuparse para
lo seguir, porque aquí se ha de fundir como en crisol, para salir con el fuego
del Espíritu Santo. Aquí se alcanza todo bien. Lo que ha de hacer en el
oratorio es procurar don de lágrimas, llorando sus pecados y recogitando su
vida pasada. Tomarse cuenta cómo vive ahora, verse y mirarse como en espejo, si
aprovecha o no; ordenar su vida para adelante; pensar devotamente en la Pasión
y en los otros misterios de nuestra Redención; dar gracias a Dios por los
beneficios generales, como es la creación del mundo y la Redención del género
humano, y por los particulares, cómo le hizo de nonada y le dio cinco sentidos
y otras particularidades que no dio a otro. Contemplar el engaño del mundo, la
brevedad de la vida, la eternidad de la Gloria, y bajar al Infierno,
contemplando las penas de los dañados y malos que en esta vida mal vivieron; y
mirar los moradores del Cielo, saludar a su ciudad y desearla, y conversar con
estos sus ciudadanos; mirar desde allí, como desde alto, las cosas de esta
vida, los trabajos vanos y ansias superfluas de los hombres y los errores de
los mundanos; contemplar como en espejo su conciencia; abrir a Dios su corazón,
demostrándole sus deseos, y hablar con Él con toda reverencia y amor, y decirle
sus faltas, sus miserias, sus enfermedades y trabajos, sus enfermedades y
necesidades, su peligro, su sequedad, su tibieza, su maldad, su inquietud; y
pedirle perdón, socorro, remedio, luz, gracia, firmeza, verdad, pureza,
agradecimiento, amor, espíritu, sentimiento y todo lo demás, rogándole por sí y
por todos los que tiene encargo, y por los afligidos, y por el estado de la
Iglesia, y otros semejantes ejercicios espirituales, que son lección,
meditación, oración, contemplación. Aquí se alcanza gracia, pureza, grosura,
devoción, don de lágrimas, luz, conocimiento de la verdad, espíritu, y todas
las virtudes y riquezas espirituales; aquí hace el hombre su oficio para que
fue creado. Esta es verdadera vida, porque lo demás que se emplee en negocios y
curiosidades del mundo, todo lo ha perdido. Mucho le va al cristiano en se
emplear bien en esto y vivir consigo y no andar desterrado fuera de sí y
extrañado en ocupaciones vanas y sin fruto, que parecen y son dañosas para el
ánima. En este oratorio gaste el más tiempo que pudiere hurtar al mundo y a la
gobernación de su persona y casa, y pluguiese a Dios que fuese todo, y no se le
hiciese más de aquél un oficio necesario, que dijo el Señor a Santa Marta.
SÉPTIMA
Guardar la lengua y el corazón y
tener muy gran cuenta con sus pensamientos y deseos y palabras, sacudiendo
presto de su corazón todos los pensamientos vanos y nocivos. Oír mucho y hablar
poco y sobre pensado. Huir de toda murmuración y mal juicio de otros, echándolo
todo a buena parte. No se ocupar en leer, ni contar, ni oír hechos de otros, ni
ser curioso de saber vidas ajenas. Ocuparse todo en sí y vivir siempre consigo.
OCTAVA
Tener cuidado de no perder el
tiempo, acordándose siempre que de este momento de vida depende la eternidad
futura de Gloria; y tener por gran pérdida perder una hora, en la cual se puede
ganar tanto bien perpetuo; y esto sentallo en su memoria.
NONA
Procurar de crecer en toda virtud,
mirando como en espejo las virtudes de los otros y procurando de los imitar;
porque en las virtudes está el fundamento de todo bien. Ser piadoso, manso y
sufrido, amoroso y caritativo con los pobres, de buena conversación, sin
perjuicio de nadie; hacer bien a todos y a nadie mal, ni en juicio, ni por
palabra, ni por obra. Sufrir flaquezas ajenas, no criminar los pecados, sino
con piedad rogar a Dios por los que yerran.
DÉCIMA
Tomarse cuenta de todo lo dicho,
exhortándose y reprehendiéndose algo, animándose de cada día ser mejor e ir
adelante, no olvidándose jamás; porque en lo hacer asegura la Gloria que por
ella espera, y que siembra en esta vida para coger en la otra fruto sempiterno.
Y porque todo nuestro aprovechamiento depende de la gracia del Señor, siempre
cumple pedir con instancia salud, socorro y lumbre para conocer el bien, y
gracia para le amar, y fuerzas para le seguir y perseverar; porque poco
aprovechará esta escritura si no favorece la gracia del Señor para poner por
obra lo que la letra o escritura nos enseña.
SUMA
Guardar la Ley de Dios y dejar de
pecar. Segunda, satisfacer por los pecados pasados con dolor y penitencia.
Tercera, huir amistad de mundanos. Cuarta, menospreciar al mundo
y sus deleites. Quinta, limpiar a menudo sus conciencias, confesando y
comulgando. Sexta, tener oratorio do servir a Dios, conversando con Él. Séptima,
guardar la lengua y el corazón. Octava, no perder el tiempo. Novena,
crecer en virtud. Décima, tomarse cuenta de lo que aprovecha.
Y a algunos doctores, como fue
Dionisio Cartujano, les pareció dar este medio y modo cotidiano a los nuevos,
por do se guiasen al principio, hasta que el Señor les proveyese de su
espíritu. El domingo, contemplar en la Resurrección del Señor y del género
humano; el lunes, del día del Juicio universal; el martes, de la creación de
todas las cosas y del gobierno y concierto de ellas; el miércoles, del gozo de
los bienaventurados del Cielo, el cual todos esperamos tener; el jueves, de la
brevedad de esta vida; el viernes, de la Pasión del Señor; el sábado, tomarse
cuenta de sus buenas obras o malas que ha hecho en la semana y de las obras de
misericordia en que se ocupó y por su negligencia no obró. Y hémonos de
ejercitar en contemplar y meditar la vida de nuestro Señor Jesucristo, según
tres motivos, que llaman los santos doctores vida purgativa, iluminativa y
unitiva. Pongo por ejemplo en un paso, para que así se entienda de todos.
Considera nuestra ánima a Nuestro Redentor atado en la columna o enclavado en
la Cruz, y entiende que por nuestros pecados padece el Cordero inocente. De
esta consideración se entristece, gime y llora, por haber ofendido a Dios, siendo
causa de su Muerte. Llámase esta vía purgativa, porque en ella se purga
de sus pecados. Y considera el mismo paso ya dicho, y conoce que por aquellas
benditas llagas, azotes y clavos, es libre el ánima de los azotes y tormentos
del Infierno y hecha hábil de la Gloria del Cielo; dilata y ensancha su afecto,
alegrándose y diciendo con San Pablo: Alabado sea Dios, que nos dio victoria
por Jesucristo nuestro Señor[iv][4]. Llámase esta vía iluminativa, en la cual el
ánima, con la luz de la gracia ilustrada, se emplea en dar gracias a Dios por
tan grandes mercedes y beneficios como recibe.
Finalmente, contemplando el ánima en
la Cruz del Señor, entiende un amor caritativo y grande, y, vista esta grandeza
de amor con que padeció por la redimir y darla gloria, es inflamada de tan gran
deseo y fervor de ya verse con su Esposo, que ni ya se acuerda de pecados
pasados ni se detiene en considerar beneficios recibidos, sino con un dulce
vuelo y suave arrebatamiento dice por el profeta David: ¿Quién me dará alas
como de paloma, y volaré a mi amado Dios y descansaré?[v][5], procurando de se ayuntar y unir
con Dios. Llámase esta vía unitiva, porque en ella el alma se hace una
por amor con su esposo amado Jesucristo. De manera que debemos purgar y limpiar
el ánima de pecados; debemos dar gracias con alegría al Señor por tantos
beneficios, de donde resulte un amor y afección tan íntima, que nos haga una
misma cosa con nuestro amado Jesucristo.
Y, resumiéndome, digo ser necesario
a todo fiel cristiano que ningún día se le pase sin tener algún rato de lección
y meditación y oración; y si fuere posible hacerse tres veces en el día será
mejor; porque la lección santa muestra el camino del Cielo, la meditación lo
anda, la oración lo consigue. La cual se hará a la mañana; y antes que se lea,
rogar a Dios de corazón que nos dé su favor para obrar lo que leyéremos atenta
y devotamente, rumiando lo que leyéremos y platicándolo con alguna persona
devota, y suplicar lo mismo al fin de la lección. Y leído el capítulo o
renglones que quisiéremos, hacer en ello gran hincapié, poniendo por obra lo
que en la lección se nos dice; y a la una de la tarde o al mediodía, otra vez,
y a la noche otra. Y tras la lección será buena la meditación profunda,
pensando íntimamente en lo interior del ánima las mercedes recibidas de Dios a
la mañana; y al mediodía, de los males y daños de que nos ha librado; y a la
noche, lo mucho que nos ha de dar. Los recibidos son en tres maneras:
naturales, y temporales, y gratuitos[vi][6] (en los primeros nos da Dios
nuestra vida natural; en los segundos, esta abundancia temporal; en los
terceros, su Vida Divina con su temporal muerte), que se contienen en los
beneficios de la creación y conservación y regeneración. Y es de saber que los
bienes o dones gratuitos que de Dios recibimos, son en dos maneras: la primera
es redimiéndonos con su Muerte y Pasión; la segunda es justificándonos y
haciéndonos por su gracia, de siervos y esclavos del Demonio, hijos de Dios por
gracia, y admitiéndonos a la herencia y libertad de la Gloria, y haciéndonos
semejantes a Él por su gracia, así como se hizo Él semejante a nosotros,
tomando nuestra naturaleza, para comunicarnos visible y familiarmente como
hermano.
Al mediodía se medite la libertad
que de su mano hemos recibido, así del mal de culpa (en lo que por nuestros
pecados hemos caído e incurrido) como de la pena y tormentos que por ellos
merecíamos; y a la tarde, de la glorificación, que es de los bienes que Él nos
tiene prometidos, los cuales serán (según San Anselmo) para el cuerpo siete, y
otros siete para el ánima. Los del cuerpo son hermosura, ligereza, libertad y
fortaleza, deleites, eternidad, sanidad. Los del ánima son sabiduría, amistad,
concordia, poderío, honra, seguridad, gozo. Item, serán los hombres
glorificados y mejorados en cinco lugares más que los ángeles, que serán los
cinco sentidos corporales, lo cual figuró bien Jacob en la mejoría de aquellas
cinco cosas que mejoró a su hijo José más que a todos los otros sus hijos.
Junto con la meditación se acompaña
la oración, con gran humildad y conocimiento de sí y de su ingratitud y con
confianza de alcanzar lo que pides, y pidiendo cosa lícita y necesaria al ánima
y al cuerpo, perseverando con gran ahínco, y confesando y comulgando muy a
menudo. Y los que no supieren leer, procuren que les lea alguno; y si esto no
tuvieren, consideren en la divina sabiduría (que se mostró en la creación del
mundo y de los cielos) y su poder, y bondad, y amor que les tiene, pues tantos
bienes les envía y tan a la continua; y consideren que más puros y más
excelentes tendrán en el Cielo los bienes de esta vida, y los males serán más
fuertes y mayores a los condenados en el Infierno, tratando siempre en su
memoria aquel verso del Salmo 114 que dice: Conviértete, ¡oh ánima mía!, a
tu descanso, pues te ha hecho Dios bien; y libró mi ánima de la muerte y mis
pies de caer[vii][7]. Como si dijera: Vuelve, ¡oh
hombre!, tus ojos y corazón a Dios, pues en Él sólo podrás hallar tu descanso;
y no te hartará cosa alguna creada menos que tu Creador mismo[viii][8]. Así que convertirse el ánima a
Dios, que es su descanso, es volverse el hombre a Dios por consideración y
dilección; y poner en Él sus ojos es mirarle, y conversarle, y abrazarle con la
oración, meditación y lección, uniéndose y ayuntándose a Dios por deseo.
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