sábado, 9 de agosto de 2014

Santo Cura de Ars

San Juan María-Vianney
   Nació en Dardilly, cerca de Lyon, el 8 de mayo de 1786. Muy joven todavía, aprovechaba el trabajo de los campos o de la guarda de las ovejas para pasar largas horas en el recogimiento de la oración. Gustaba reunir junto a sí a los niños de su edad y les enseñaba a amar a Dios y a rezar el rosario. Deseando ser sacerdote, fue conducido al cura de Ecully para que le enseñara el latín. Mas como encontraba grandes dificultades en el estudio, marchó en peregrinación a pedir a San Francisco de Regis, en Louvesc, la gracia de aprender lo suficiente para ser sacerdote. En efecto, se ordenó presbítero en 1815, y fue nombrado vicario de Ecully. Permaneció allí unos tres años viviendo en medio de una gran austeridad. Luego fue nombrado párroco de Ars donde encontró a unos vecinos poco cristianos a los que pronto convirtió, tanto por su caridad y penitencias heroicas, como por su predicación. El demonio envidioso de un tal resultado, le persiguió de mil maneras. Pronto acudieron de todas partes a su confesionario muchedumbres de gentes que venían a buscar junto a él la luz de la conversión. Acabado por las fatigas murió el 4 de agosto de 1859 a la edad de 73 años. San Pio X le beatificó en 1905 y le nombró patrono de todos los sacerdotes de Francia que tienen cuidado de almas y Pio XI le canonizó el 31 de mayo de 1925 y le nombró patrono de todo el clero secular.

  Oremus.-“Omnipontens et misericors Deus, qui Sanctum JoannemMariam pastorali studio et jugi orationis ac poenitentiae ardore mirabilem effecisti: da, quaesumus, ut ejus exemplo et intercessione, animas fratrum lucrari Christo, et cum eis aeternam gloriam consequi valeamus. Per eumdem Dominum.”

  Oración.-“Oh Dios omnipotente y misericordioso, que hiciste a San Juan María admirable en su celo pastoral, contínua oración y ardiente penitencia: haz que, con su ejemplo e intercesión, podamos ganar para Cristo las almas de nuestros hermanos, y alcanzar juntamente con ellos la vida eterna. Por el mismo J.C.”

“Con la oración todo lo podéis, sois dueños,
por decirlo así, del querer de Dios.”

(Cura de Ars: Sermón sobre la perseverancia)

¡LA NUEVA LUZ DE LA IGLESIA MILITANTE!

   Este título le ha sido conferido a Santa Filomena por San Juan María Vianney (El Santo Cura de Ars), heroico confesor y patrono de todos los párrocos. 
   La pequeña ciudad de Ars, Francia, ha llegado a ser famosa a través de la santa vida y de las obras de este santo. Su alma especialmente escogida, escondía bajo las pobres vestimentas de humilde sacerdote, al apóstol más estupendo del siglo XIX. El quizás más que cualquier otro, atrajo la atención del mundo al poder de su Santa favorita entre todos los santos: Santa Filomena.
   PAULINE JARICOT, la fundadora de la Sociedad para la Propagación de la Fe y del Rosario Viviente, en 1835, por intercesión de Santa Filomena había sido milagrosamente curada  de un desesperante mal. A través de ella, conoció el Santo Cura el poder de la Santa. La Señorita Jaricot, le ofreció parte de una preciosa reliquia de Santa Filomena que ella había obtenido del relicario de Mugnano y el Cura de Ars la recibió como una valiosísima joya. Inmediatamente se puso a trabajar para erigir una capilla en Ars donde colocó estas reliquias, que muy pronto dieron lugar a innumerables curaciones, conversiones y milagros. 
   Lleno de un intenso amor por esta pequeña santa, la eligió a ella como su especial patrona celestial y se comprometió a ella por voto. Siempre hablaba de la santa, le pedía todo tipo de favores, y decía de ella que era “el milagro próximo” por los extraordinarios prodigios que ella obraba. Santa Filomena solucionó sus problemas financieros, ella convirtió pecadores; curó enfermedades gravísimas; y obró innumerables milagros en respuesta a sus simples oraciones. Muchos de ellos están registrados en la biografía del santo, pero los milagros no registrados, estos solos, podrían llenar un volumen. Recomendaba que le hicieran Novenas por incontables intenciones de todo tipo que las personas le referían. Advertía seriamente a los enfermos que rezaran a Santa Filomena y los bendecía e instruía para que rezaran la Novena y siempre se impresionaba por todas las curaciones de esta pequeña santa, a la cual, después de Dios, le estaba totalmente agradecido. Miles de personas vinieron a la capilla de Ars en peregrinación, con el propósito de invocar el auxilio de Santa Filomena en sus necesidades y pruebas. Evidencias tangibles de favores obtenidos, los milagros obrados, las conversiones realizadas, las oraciones escuchadas son la respuesta de Santa Filomena.
   Debido al fervor de la devoción del Cura de Ars a Santa Filomena, y las numerosas curaciones y favores obtenidos por su intercesión, toda Francia pronto invocó su nombre. Cada diócesis tenía altares y muchas capillas e iglesias se dedicaron a ella. Pero la devoción a la santa no sólo fue en Francia. Los reyes, las reinas, los cardenales, los obispos, los sacerdotes, y muchos religiosos y fieles a través del mundo la aclaman como su patrona celestial.   
   Solamente Dios puede contar la cantidad de milagros hechos por Santa Filomena al pueblo de Ars. A todos los que le imploraban su ayuda, el santo cura siempre les respondía que debían ir y hablar con Santa Filomena. Era venerada en el altar más hermoso de su iglesia. Este sacerdote santo estableció con ella una amistad sencilla y mística y una familiaridad agradable y profunda. La llamaba su "intermediaria", su "chargée d' affaires", su "cónsul con Dios", y su "Santita" el título por el cual hoy es conocida.
   Un día, con ingenuidad santa, se le escuchó decir "Basta ya, mi santita". Estás haciendo demasiados milagros! Muchas personas piensan que se deben a mis oraciones!
   El mismo Santo Cura  fue objeto de un gran milagro. Enfermó gravemente, su feligresía se estaba llena de consternación. Los peregrinos, preocupados de su salud, llegaban a Ars de las más remotas regiones de Francia. Para tener a raya a la muchedumbre que se reunía, debió intervenir la policía. Cuando todo parecía perdido y se esperaba su muerte de un momento a otro, recurrieron a Santa Filomena, y Dios, mostrando su grandeza, por la poderosa intercesión de nuestra Santita, cuando las esperanzas estaban ya perdidas, se les concedió la gracia que pedían y su santo cura sanó y regresó a su parroquia, es decir, a Francia en general.
   En cierta ocasión, una persona se acercó al Cura de Ars y le preguntó: “¿es verdad, Padre que Santa Filomena le obedece?”. A lo cual contestó el sacerdote santo, “¿y porqué no? si Dios mismo me obedece en el Altar” (“obedece”: se refiere a que por obra de Dios a través del sacerdocio en la Misa se realiza milagrosamente la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y Sangre de Cristo, es decir, Jesús “obedece” por amor al sacerdote en este caso). Él sentía constantemente la proximidad de su presencia y se dirigía a ella con nombres más familiares y no ahorró ningún esfuerzo en inducir a otros a que invocaran su intercesión en sus necesidades de cuerpo y alma. Él decía a menudo: “Hijos míos, Santa Filomena tienen gran poder con Dios, y ella tiene, por otra parte, un corazón buenísimo; roguemos a ella con confianza. Su virginidad y generosidad en el abrazo de su martirio heroico la han hecho tan agradable a Dios que Él nunca rechazará cualquier cosa que ella le pida para nosotros.” Se decía que el Cura de Ars hacía todo por ella y Santa Filomena hacía todo por él.
   Muchos años más tarde, después de su muerte, la gente de Ars construyó un monumento en su honor y lo colocó sobre una colina desde donde una vez más, señala el altar de Santa Filomena como si dijera, "Recurre a ella y serás consolado".
   El 8 de enero de 1905 el Santo Papa Pío X beatificó el humilde Cura de Ars, poniéndolo como modelo de todos los pastores de almas.
  
  San Pio X “Cuando se enteró de las críticas al culto a Santa Filomena, afirmó que el argumento más fuerte en favor de la devoción a Santa Filomena era el Cura de Ars.”
   
  El 31 de mayo de 1925, el Papa Pío XI, canonizó al "Sencillo Cura de Ars" y durante su jubileo sacerdotal promovió por todo el mundo el patrocinio celestial de San Juan María Vianney para "fomentar en todo el mundo el bien espiritual de todos los sacerdotes".

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